Nueva Evangelización – Promoción Humana – Cultura Cristiana
(Algunos extractos de las conclusiones)

 

 

DISCURSO INAUGURAL DEL SANTO PADRE

10. La novedad de la acción evangelizadora a que hemos convocado afecta a la actitud, al estilo, al esfuerzo y a la programación, como propuse en Haití, al ardor, a los métodos y a la expresión. (Cf. Discurso a los Obispos del CELAM, 9 de marzo de 1983). Una evangelización nueva en su ardor supone una fe sólida, una caridad pastoral intensa y una recia fidelidad que, bajo la acción del Espíritu, generen una mística, un incontenible entusiasmo en la tarea de anunciar el Evangelio. En lenguaje neotestamentario es la «parresía» que inflama el corazón del apóstol (cf. Hch 5, 28-29; cf. Redemptoris missio, 45). Esta «parresía» ha de ser también el sello de vuestro apostolado en América. Nada puede haceros callar, pues sois heraldos de la verdad. La verdad de Cristo ha de iluminar las mentes y los corazones con la activa, incansable y pública proclamación de los valores cristianos.

Por otra parte, los nuevos tiempos exigen que el mensaje cristiano llegue al hombre de hoy mediante nuevos métodos de apostolado, y que sea expresado en lenguaje y formas accesibles al hombre latinoamericano, necesitado de Cristo y sediento del Evangelio: ¿Cómo hacer accesible, penetrante, válida y profunda la respuesta al hombre de hoy, sin alterar o modificar en nada el contenido del mensaje evangélico? ¿cómo llegar al corazón de la cultura que queremos evangelizar? ¿cómo hablar de Dios en un mundo en el que está presente un proceso creciente de secularización?

26. Condición indispensable para la nueva evangelización es poder contar con evangelizadores numerosos y cualificados. Por ello, la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas, así como de otros agentes de pastoral, ha de ser una prioridad de los Obispos y un compromiso de todo el pueblo de Dios.

Hay que dar, en toda América Latina, un impulso decisivo a la pastoral vocacional y afrontar, con criterios acertados y con esperanza, lo referente a los Seminarios y Centros de formación de los religiosos y religiosas, así como el problema de la formación permanente del Clero y de una mejor distribución de los sacerdotes entre las diversas Iglesias locales, en las que hay que considerar también la apreciada labor de los diáconos permanentes. Para todo esto se encuentran orientaciones apropiadas en la Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores dabo vobis.

Por lo que se refiere a los religiosos y religiosas, que en América Latina llevan el peso de una parte considerable de la acción pastoral, deseo hacer mención de la Carta Apostólica Los Caminos del Evangelio, que les dirigí con fecha 29 de junio de 1990. También quiero recordar aquí a los Institutos Seculares, con su pujante vitalidad en medio del mundo, y a los miembros de las Sociedades de Vida Apostólica, que desarrollan una gran actividad misionera.

En la hora presente, los miembros de los Institutos religiosos, tanto masculinos como femeninos, han de centrarse más en la labor específicamente evangelizadora desplegando toda la riqueza de iniciativas y tareas pastorales que brotan de sus diversos carismas. Fieles al espíritu de sus Fundadores, les debe caracterizar un profundo sentido de Iglesia y el testimonio de una estrecha y fiel colaboración en la pastoral, cuya dirección compete a los Ordinarios diocesanos y, en determinados aspectos, a las Conferencias Episcopales.

Como recordé en mi Carta a las contemplativas de América Latina (12 de diciembre de 1989), la acción evangelizadora de la Iglesia está sostenida por esos santuarios de la vida contemplativa, tan numerosos en todo el Continente, que constituyen un testimonio de la radicalidad de la consagración a Dios, que tiene que ocupar siempre el primer puesto en nuestras opciones.

Capítulo I.- LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

1.3.2. Las vocaciones al ministerio presbiteral y los Seminarios

78. «Sucedió que por aquellos días se fue Jesús al monte para orar, y se pasó la noche en la oración a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles» (Lc 6, 12 -13; Mc 3, 13 -14).

«Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 36 -38).

En el marco de una Iglesia «comunión para la misión», el Señor, que nos llama a todos a la santidad, llama a algunos para el servicio sacerdotal.

 

 

Capítulo III.- LA CULTURA CRISTIANA