DIRECTORIO DE FORMACIÓN PASTORAL

SEMINARIO DIOCESANO “SAN JOSÉ” -MORÓN-

Presentación

Con el presente Directorio de formación pastoral, nuestro Seminario busca clarificar y explicitar mejor su proyecto en este campo, ofreciendo los fundamentos, objetivos y medios del mismo, para favorecer una mejor integración en la tarea formativa de los formadores de nuestra casa, los párrocos y los formandos, en este camino que estamos llamados a recorrer juntos en orden a la preparación de los futuros pastores del Pueblo de Dios.

El texto contiene materiales que hemos ido elaborando con el equipo de formadores desde fines de 1989, cuando comenzamos nuestra misión en el Seminario. Es, por ello, reflejo de un camino recorrido a lo largo de estos nueve años, y de una experiencia hecha posible por la generosa colaboración de muchos párrocos, como así también, y muy particularmente, por la riqueza de la vida misma de nuestra iglesia diocesana -tanto en Morón como en lo que hoy es Merlo/Moreno-.

Respecto de la génesis inmediata de este texto, vale mencionar que una vez hecha su primera redacción por parte de los formadores, analizamos su contenido junto a los seminaristas en orden a recibir sus impresiones, sugerencias y aportaciones, y escuchamos luego el parecer de los párrocos que los acompañan en su formación pastoral, antes de presentarlo a nuestro obispo con vistas a su aprobación definitiva.

Cabe agregar, por último, que estos lineamientos formarán parte del Proyecto Formativo de nuestro Seminario cuando finalicemos su elaboración.

En el año del Espíritu Santo, principal agente de la formación sacerdotal y único capaz de hacer nacer en nosotros “aquellas actitudes y comportamientos que son propios de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia y que se compendian en su caridad pastoral” (PDV, 21), nos ponemos una vez más bajo la protección de nuestra madre del Buen Viaje, para que nos siga acompañando en el seguimiento de su Hijo, el buen pastor.

Hurlingham, 5 de octubre de 1998, en la solemnidad de la Virgen del Buen Viaje.

José María Recondo
Rector


    1. EL PROCESO FORMATIVO

      Si bien toda la formación sacerdotal, “en sus diversos aspectos, debe tener un carácter esencialmente pastoral”, la preparación para el ministerio exige, además, un aprendizaje específicamentepastoral, que incluya tanto una reflexión teológica aplicada como el atesoramiento de distintas y variadas experiencias de práctica pastoral (cf. PDV, 57). Todo esto habrá de asimilarse en orden a ir formando una auténtica personalidad sacerdotal y pastoral, que alcanzará una posterior y más acabada expresión con el ejercicio mismo del ministerio*.

      El proceso formativo no está destinado, sin embargo, “sólo a asegurar una competencia pastoral científica y una preparación práctica, sino también, y sobre todo, a garantizar el crecimiento de un modo de estar en comunión con los mismos sentimientos y actitudes de Cristo, buen Pastor […]. Entendida así, la formación pastoral no puede reducirse a un simple aprendizaje, dirigido a familiarizarse con una técnica pastoral. El proyecto educativo del Seminario se encarga de una verdadera y propia iniciación a la sensibilidad del pastor, a asumir de manera consciente y madura sus responsabilidades, al hábito interior de valorar los problemas y establecer las prioridades y los medios de solución, fundados siempre en claras motivaciones de fe y según las exigencias teológicas de la pastoral misma” (PDV, 57-58). En última instancia, se trata de iniciar al seminarista en la experiencia de la caridad pastoral, la cual, teniendo su fuente específica en el sacramento del Orden, expresa su contenido esencial -según Juan Pablo II- en “la donación de sí, la total donación de sí a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen”. “… No es sólo aquello que hacemos, sino la donación de nosotros mismos…“, “la opción fundamental y determinante de ‘dar la vida por la grey’…”, que “determina nuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con la gente”…y “constituye el principio interior y dinámico capaz de unificar las múltiples y diversas actividades del sacerdote” (PDV, 23; cf. PO, 14).

      El Seminario habrá de acompañar este proceso de maduración pastoral, ayudando a que se haga progresivamente más consciente y reflejo. Y será de particular valor, en este sentido, laevaluación que al respecto realice el seminarista, junto al sacerdote que lo acompaña en la parroquia, al término de cada año.

      Los seminaristas han de adquirir, además, a lo largo de su proceso formativo, un vivo sentido de pertenencia y dedicación a la Iglesia particular en la que se incardinarán para el servicio pastoral. Deberán, por ello, comprender que la “incardinación” no se agota en un vínculo puramente jurídico, sino que comporta también una serie de actitudes y de opciones espirituales y pastorales que contribuyen a dar una fisonomía específica al perfil vocacional y espiritual del presbítero diocesano (cf. PDV, 31). Esto significa concretamente aprender a “compartir la historia o experiencia de vida de esta Iglesia particular en sus valores y debilidades, en sus dificultades y esperanzas, y a trabajar en ella para su crecimiento” (PDV, 74). Significa también desarrollar una relación estrecha y filial con el Obispo y un vínculo sincero y fraterno con los sacerdotes para llegar a formar un mismo presbiterio con ellos, disponiéndose al servicio pastoral de todo el Pueblo de Dios. Este compromiso con la Iglesia particular ha de vivirse, sin embargo, de tal manera, que promueva, al mismo tiempo, una generosa disponibilidad misionera, de cara a la Iglesia universal (cf. PO, 10).

        1. La teología pastoral

          El estudio de la teología pastoral ha de ofrecer una reflexión científica sobre la vida que a diario, bajo el impulso del Espíritu, lleva a cabo la Iglesia a través de la historia (cf. PDV, 57). Esto permitirá a los futuros pastores realizar un discernimiento evangélico de los principales signos de los tiempos. Pues “la pastoral -nos recuerda Juan Pablo II- no es solamente un arte ni un conjunto de exhortaciones, experiencias y métodos; posee una categoría teológica plena, porque recibe de la fe los principios y criterios de la acción pastoral de la Iglesia en la historia” (PDV, 57).

          Las asignaturas teológicas comprendidas en el plan de estudios pastorales son las siguientes:

          1. Introducción al Magisterio pastoral de la Iglesia.
          2. El ministerio de la palabra
            1. Catequética
            2. Homilética
          3. Pastoral social
            1. Evangelización y promoción humana: Fundamentos teológicos y pastorales
            2. Cuestiones económicas para la comprensión de la Doctrina Social de la Iglesia
            3. Trabajo y Sindicalismo a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia
            4. Historia de los partidos políticos en Argentina
            5. Asistencia Social – Nociones generales
          4. La celebración del misterio cristiano
            1. Liturgia
            2. Ad audiendas
          5. El ministerio de la conducción pastoral
            1. Conducción pastoral I / Metodología para la planificación pastoral
            2. Conducción pastoral II: Gestión pastoral.
            3. La Parroquia: Pasado, presente y futuro
            4. Psicología pastoral
            5. Discernimiento y dirección espiritual
          6. Problemática pastoral de orden eclesiológico
            1. Evangelización de la cultura y religiosidad popular
            2. Ecumenismo
            3. El fenómeno pastoral de las Sectas
          7. Teología pastoral sistemática
      1. La praxis pastoral

        Es responsabilidad de los formadores, teniendo en cuenta, ante todo, las necesidades formativas del seminarista, y abiertos al diálogo para escuchar sus propuestas e inquietudes, discernir los sucesivos destinos en los que realizará sus experiencias pastorales. Se trata así de integrar dos realidades necesarias en el discernimiento, como son el diálogo y el envío (cf. PO, 15). Las experiencias por las que habrá de atravesar el seminarista a lo largo de su formación pastoral, incluirán la pastoral parroquial en barrios, la pastoral en parroquias llamadas “de centro”, y la pastoral del mundo del dolor (ya sea en hospitales, geriátricos o asilos, Cottolengo, discapacitados, u otra realidad similar). La sucesión de estas distintas realidades pastorales en el itinerario formativo de cada seminarista estará sujeta a las posibilidades y necesidades formativas de cada uno. Será de particular importancia que, a lo largo del proceso formativo, el seminarista pueda ir integrando las distintas experiencias pastorales por las que va atravesando, en busca de una síntesis.

        Las “Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización” (1990) redactadas por el episcopado argentino, ofrecen actualmente, para la praxis pastoral de los seminaristas, un marco orientador indispensable.

        Para una mejor integración de la praxis pastoral que los seminaristas realizan en las comunidades parroquiales al conjunto de su proceso formativo, como así también para favorecer el intercambio y el enriquecimiento de los formadores con las aportaciones de los párrocos, éstos son convocados a una reunión anual conjunta en el Seminario. A su vez, al menos una vez al año, el rector del Seminario realizará una visita a los párrocos para intercambiar impresiones sobre la marcha del proceso formativo del seminarista que acompañan. Se tendrá en cuenta que el sacerdote que reciba a un seminarista en su parroquia los fines de semana ofrezca un testimonio de integración a la realidad diocesana y a la pastoral de conjunto, pueda acompañarlo de manera efectiva, y tenga predisposición de colaborar armónicamente en la formación.

    1. ITINERARIO DE PRÁCTICA PASTORAL
        1. Criterios generales
          • Al juzgar sobre la necesidades formativas del seminarista en orden a su destino pastoral se tendrá en cuenta: su edad, su origen, sus carismas, su maduración vocacional.

          • La inserción pastoral del seminarista en la parroquia ha de ser progresiva, y no comportará, necesariamente, al comienzo, responsabilidades de conducción. En atención a la gradualidad del proceso formativo, se buscará que de a poco se asuman mayores cargas pastorales, así como una creciente participación en servicios diocesanos.

          • La primera experiencia pastoral será, habitualmente, en una parroquia de barrio. Las razones que determinan esto son varias: a) A quienes provienen del “centro”, les ayudará a abrirse a nuevas realidades diocesanas y a descubrir un mundo sociológica y pastoralmente quizá hasta entonces desconocido. Además, es de notar el valor que el contacto con la religiosidad popular y este tipo de experiencia comunitaria tiene para el afianzamiento vocacional y la contención afectiva del seminarista. Favorecerá además que, desde el comienzo mismo de su proceso formativo, cultive el seminarista el amor preferencial por los pobres. b) A quienes provienen de los barrios, les ayudará a hacer, con mayor gradualidad, el camino de inserción en la problemática pastoral de las parroquias de “centro”, en las cuales, por los rasgos que las caracterizan, se experimenta más fácilmente un cierto anonimato, una menor contención comunitaria y una problemática religiosa más intelectualizada y heterogénea.

          • En el caso de los destinos parroquiales, juzgamos conveniente que, en principio, la experiencia se extienda durante dos años en el mismo lugar. La presencia en el mundo del dolor habrá de desarrollarse, en cambio, durante sólo un año, o a través de una o varias experiencias intensivas. Vemos recomendable, por otra parte, haber pasado, durante el Seminario, por distintos decanatos.

          • La experiencia pastoral en el mundo del dolor, más que el aprendizaje de una “práctica” o la iniciación en una pastoral sectorial con objetivos y caminos propios, tiene como finalidad, por una parte, desarrollar la solidaridad particular con “los pobres, débiles y sufrientes” (LPNE, 32) y, por otra, hacer madurar la persona misma del seminarista, purificando la actitud espiritual con que ha de abordar la tarea pastoral: Se trata de favorecer la maduración en la caridad pastoral, dando ocasión a una experiencia evangelizadora más gratuita, más despojada de toda tentación de estrellato o exitismo, en orden a vivir la entrega pastoral al otro no ya desde la eficiencia humana o la búsqueda de sí, sino desde la fe y por amor. Se aprende a convivir, por lo demás, con el “fracaso” o la “esterilidad” -en términos humanos- de la acción pastoral, y a valorizar el crecimiento del Reino en lo oculto, lo olvidado, “lo que no vale” a los ojos del mundo, donde lo único importante es el otro, “un Reino “ya comenzado” que se expande de una manera especial en los humildes, los sufrientes y los pobres” (LPNE, 56).

          • Teniendo en cuenta “la multiplicidad y complejidad de las tareas apostólicas, que en ocasiones son fuente de tensión y agotamiento en el ejercicio del ministerio, se ha de educar en los futuros sacerdotes la virtud de la prudencia pastoral que les permita discernir desde la fe cuáles son las auténticas prioridades, de manera que, al tiempo que respondan a las urgencias pastorales, preserven en ellos la necesaria unidad de vida.” (CEA, La formación para el sacerdocio ministerial, n.175).

      1. Tareas sugeridas como prioritarias en las parroquias. Orientaciones
        • Comenzar viendo, más que haciendo. Recorrer las distintas actividades de la parroquia, interiorizándose de lo que se hace y de cómo se hace, para partir de una visión integradora antes de abocarse a una tarea específica.

        • Acompañar en algunas ocasiones al sacerdote en lo que hace (bautismos, visita a un enfermo, matrimonios, bendición de una casa, contacto con las instituciones del barrio, etc.).

        • Participar, si es posible, del Consejo pastoral de la parroquia, o en los distintos ámbitos de reflexión y decisión pastoral.

        • Visitar las familias de la parroquia.

        • Integrarse a la actividad misionera de la parroquia (misioneras, sectores, CEBs, etc.).

        • No reducirse a trabajar con jóvenes. Abrirse al mundo de los adultos, participando de los espacios o realidades pastorales en los que éstos se hacen presentes.

    1. ACTITUDES que ha de tener el seminarista en el trabajo pastoral
      1. Uno va a aprender. A recibir antes que a dar. Esto implica: aprender del cura, de la gente. Saber escuchar. Las cosas existían antes que uno llegara.

      2. Saber decir “no sé”. El ser seminarista no supone estar capacitado para todo.

      3. Abrirse a conocer la realidad parroquial. Aprender a ser católico (universal). Evitar lo sectario. Aceptar lo diverso.

      4. Entrar en la realidad de la gente: cómo vive. Qué le preocupa. Qué espera.

      5. Respetar a las personas. No menospreciar nunca a nadie. Ser cercano a los más necesitados.

      6. Somos servidores de la comunión. Saber estar con todos, no cerrarse a unos pocos; no crear divisiones..

      7. Tener siempre una actitud misionera. Pensar en los que no están, salir en busca de los más alejados.

      8. Asumir la opción por los pobres que reclama el evangelio y ha hecho nuestra Iglesia.

      9. Atender a la forma en que hacemos las cosas: preguntando, consultando, haciendo participar, …

      10. Ser responsables en lo pastoral, como signo de respeto por los demás.

      11. Saber integrarse en una pastoral de conjunto. No pensar que lo que uno hace es el centro o lo único.

      12. Valorizar la aportación que realizan a la vida diocesana los distintos carismas religiosos y movimientos laicales integrados a ella.

    1. DISCERNIMIENTO de la experiencia hecha durante el año, desde la caridad pastoral

      Gracias a la “consagración obrada por el Espíritu Santo en la efusión sacramental del Orden, la vida espiritual del sacerdote queda caracterizada, plasmada y definida por aquellas actitudes y comportamientos que son propios de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia y que se compendian en su caridad pastoral” (PDV, 21). Juan Pablo II describe los rasgos que la distinguen, del siguiente modo:

      • La caridad pastoral es “el principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero” (n.23), siendo su contenido esencial “la donación de sí, la total donación de sí a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen. […] No es sólo aquello que hacemos, sino la donación de nosotros mismos lo que muestra el amor de Cristo por su grey. La caridad pastoral determina nuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con la gente” (ibid.).

      • Y la donación de nosotros mismos tiene como destinataria la Iglesia. Con la caridad pastoral, el sacerdote se hace capaz de amar a la Iglesia con toda la entrega de un esposo hacia su esposa (cf. ibid.).

      • Pero el don de sí a la Iglesia “se refiere a ella como cuerpo y esposa de Jesucristo. Por esto la caridad del sacerdote se refiere primariamente a Jesucristo: solamente si ama y sirve a Cristo Cabeza y Esposo, la caridad se hace fuente, criterio, medida, impulso del amor y del servicio del sacerdote a la Iglesia, cuerpo y esposa de Cristo” (ibid.).

      • Es preciso recordar, además, que la caridad pastoral “le pide y exige [al sacerdote] de manera particular y específica una relación personal con el presbiterio, unido en y con el obispo” (ibid.).

      • Por otra parte, es en la Eucaristía “donde se representa, es decir, se hace de nuevo presente el sacrificio de la cruz, el don total de Cristo a su Iglesia. […] Precisamente por esto la caridad pastoral del sacerdote no sólo fluye de la Eucaristía, sino que encuentra su más alta realización en su celebración, así como también recibe de ella la gracia y la responsabilidad de impregnar de manera “sacrificial” toda su existencia” (ibid.).

      • Por último, frente a un contexto sociocultural y eclesial marcado por la complejidad, la fragmentación y la dispersión, el Papa afirma que “esta misma caridad pastoral constituye el principio interior y dinámico capaz de unificar las múltiples y diversas actividades del sacerdote. […] Solamente la concentración de cada instante y de cada gesto en torno a la opción fundamental y determinante de “dar la vida por la grey” puede garantizar esta unidad vital, indispensable para la armonía y el equilibrio espiritual del sacerdote” (ibid.). Con todo, no será sino progresivamente que el sacerdote irá alcanzando la unidad interior que la caridad pastoral garantiza (cf. n.72), constituyéndose, ésta, a su vez, en “alma y forma de [su] formación permanente” (n.70).

      Desde cada uno de estos rasgos, discernir en oración la experiencia hecha durante el año en la parroquia o en el mundo del dolor, para evaluar su fruto, profundizar en su significado, analizar las motivaciones que la animaron, imaginar el futuro.

    1. INSTRUMENTO DE ACOMPAÑAMIENTO Y EVALUACIÓN PASTORAL

      SEMINARISTA: ……………………………………………………………
      AÑO DE SEMINARIO Y DE ESTUDIO QUE CURSA: …………………….
      PARROQUIA: ………………………………………………………………
      SACERDOTE QUE ACOMPAÑA: ………………………………………….

      1. ¿Qué aportó la experiencia hecha este año por el seminarista para su maduración vocacional y su futura vida sacerdotal?

      2. ¿Qué actitudes, entre las que -según el presente Directorio- ha de tener el seminarista en el trabajo pastoral, se vieron más consolidadas o desarrolladas durante este año? ¿Cuáles habría que madurar más en el futuro?

      3. – Integración con el(los) sacerdote(s), a nivel humano y a nivel pastoral.
        – Integración pastoral con la vida religiosa.
        – Integración con la comunidad parroquial y estilo de relación con los laicos.

      4. Participación en la actividad propuesta por el párroco: disponibilidad, compromiso, iniciativa personal, responsabilidad.

      5. Capacidades y dones reflejados: …

      6. Límites de aptitud experimentados: …

      7. ¿Le cuesta/ puede/ se preocupa por rezar los fines de semana? ¿Por qué? ¿Cómo mejorarlo? ¿Hay acompañamiento del sacerdote en esto?

      8. ¿En qué medida ayudó la actividad pastoral a madurar en la opción preferencial por los pobres?

      9. Opiniones recogidas de los laicos: …

      10. Propuestas o sugerencias: …

      NOTA ACLARATORIA: A diferencia de lo que puede ser un “informe”, en el que el sacerdote evalúa al seminarista sin participar éste del mismo, aquí se trata de que la evaluación surja del diálogo entre ambos, en orden a que el formando sea ayudado a hacer más consciente y reflejo lo que realiza pastoralmente, y vaya conociendo las capacidades y limitaciones que le son propias en la vida pastoral, por la mirada que sobre él tienen el sacerdote y la comunidad que lo acompañan.

  1. LAS MISIONES DE VERANO
      1. OBJETIVOS:
        • La finalidad primera de las misiones que realiza el Seminario es formativa:

          • en lo pastoral, forjando un espíritu misionero, y participando de una acción pastoral orgánica y planificada.

          • en lo espiritual, teniendo la experiencia de vivir y rezar en medio y desde la misión.

          • en lo comunitario, favoreciendo una convivencia más abierta, y un trabajo pastoral de conjunto compartido con otros, habida cuenta de que “el ministerio ordenado tiene una radical “forma comunitaria” y puede ser ejercido sólo como “una tarea colectiva”” (PDV, 17).

          • en la participación, haciéndose cargo, cada uno, responsable, disponible y creativamente, de lo que le corresponde, y asumiendo también la iniciativa de llevar adelante la misión entre todos.

        • El formador acompaña al grupo, animando la oración, la vida comunitaria, la participación, e integrándose, en lo posible, a la acción misionera.

      1. PRESUPUESTOS:
        • Los Superiores eligen el lugar de misión, tras la visita y evaluación de los destinos posibles y el diálogo con el párroco del lugar. Estas visitas previas serán realizadas por una delegación de seminaristas representando las distintas comunidades, y acompañados por un formador.

        • Pedido del párroco, y disposición del mismo para el acompañamiento de la misión.

        • Preparación previa, por parte del párroco, de la comunidad que ha de ser misionada.

        • Decidir el lugar de misión con suficiente antelación, en orden a disponer del tiempo necesario para una adecuada preparación.

    1. SUBSIDIOS:
        1. Ficha para relevamiento de datos en las visitas a los posibles lugares de misión

          PARROQUIA:
          CAPILLA:
          BARRIO:
          PÁRROCO:
          SACERDOTE A CARGO:
          FECHA DE LA VISITA:

            1. Realidad física del barrio:
              • Límites y forma:
              • Cantidad de Manzanas:
              • Plazas: Descampados:
              • Densidad de Población: Alta [ ] Normal [ ] Baja [ ]
              • Calles de asfalto: Muchas [ ] Pocas [ ] Ninguna [ ]
              • Calles mejoradas: Muchas [ ] Pocas [ ] Ninguna [ ]
            1. Realidad sociocultural: (Antigüedad del barrio, origen de la gente, característica socio-económica. Instituciones existentes, …)
            1. Realidad eclesial: (Historia de la pastoral en el lugar; distancia al centro parroquial; atención pastoral en el presente: Capilla, Agentes, Catequesis, Celebraciones, Sacramentos, Misión de la Virgen, Caritas, Sectores, presencia de las sectas en el barrio, …)
            1. Misión:
              • Infraestructura: Lugar donde instalarse y desde donde operar. Si hay o no capilla. Con qué se puede contar y qué habría que llevar.
              • Proyecto: Objetivo del párroco; qué tipo de misión quiere. Acompañamiento que ofrece. ¿Se integraría gente del lugar? Continuidad futura.
            1. Evaluación final: (La visita culmina con la evaluación que se hace, de lo observado en la parroquia, ese mismo día en el Seminario). Visitaron y evaluaron: …
      1. Instrumento de evaluación de la misión parroquial
          1. Recuerda el OBJETIVO u OBJETIVOS de la misión:
            • ¿Se lograron los objetivos? ¿En qué sentido?
            • Califica de 1 a 5 este logro e indica el porqué de esta calificación.
          1. LOS MEDIOS UTILIZADOS:
            • ¿Cuáles fueron los más positivos? ¿Por qué?
            • ¿Alguno de los medios fue defectuoso o insuficiente? ¿Por qué?
            • Señala las carencias notadas.
            • Compara con la misión anterior: ¿Se avanzó? ¿Se retrocedió? ¿Por qué? (Tener en cuenta la etapa preparatoria y la misión misma)
          1. LA EXPERIENCIA COMUNITARIA:
            • Comunicación e integración:
              • ¿Hubo clima de franqueza y cordialidad? Califica de 1 a 5 y señala el porqué.
              • ¿Hubo tensiones o conflictos comunitarios? ¿Por qué? ¿Se solucionaron? ¿Cómo?
              • Respecto de la misión anterior, ¿fue mejor la comunicación en el grupo? ¿Por qué sí o no?
            • Oración:
              • ¿Me ayudó la misión a encontrarme con Dios de una manera distinta? ¿Por qué?
              • ¿La misión me ayudó a tener el tiempo necesario para rezar? ¿Cómo? ¿Por qué?
            • Participación:
              • ¿Participaron todos los miembros del grupo con responsabilidad en los trabajos asignados? Califica de 1 a 5 y señala el porqué.
              • ¿Hubo progresos respecto de la misión anterior? ¿Cuáles? ¿Qué carencia señalarías respecto de la integración comunitaria?
          1. LOS DESTINATARIOS DE LA MISIÓN:
            • La gente, ¿estaba informada sobre la misión? ¿Se la había preparado?
            • ¿Cómo fue la participación de la gente? ¿Participó misionando también? ¿Asumieron el objetivo u objetivos de la misión?
            • Al terminar la misión, ¿se evaluó con la misma gente? ¿Cuál fue su opinión?
            • ¿Se evaluó con los sacerdotes y sus consejos y/o juntas parroquiales o de capillas? ¿Cuál fue su opinión?
        1. PROPUESTAS:
          • ¿Qué propuesta o sugerencias harías para la próxima misión?
          • ¿Qué aportarías para lograrlo?

 

 


 

APÉNDICE

JUAN PABLO II, “Pastores dabo vobis”, nn. 57-59
La formación pastoral: comunicar la caridad de Jesucristo buen Pastor

 

(n.57) “Toda la formación de los candidatos al sacerdocio está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor. Por tanto, esta formación, en sus diversos aspectos, debe tener un carácter esencialmente pastoral. Lo afirma claramente el decreto conciliar Optatam totius, refiriéndose a los seminarios mayores: “La educación de los alumnos debe tender a la formación de verdaderos pastores de las almas, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor. Por consiguiente, deben prepararse para el ministerio de la Palabra: para comprender cada vez mejor la palabra revelada por Dios, poseerla con la meditación y expresarla con la palabra y la conducta; deben prepararse para el ministerio del culto y de la santificación, a fin de que, orando y celebrando las sagradas funciones litúrgicas, ejerzan la obra de salvación por medio del sacrificio eucarístico y los sacramentos; deben prepararse para el ministerio del Pastor: para que sepan representar delante de los hombres a Cristo, que “no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención del mundo” (Mc 10, 45; cf. Jn 13, 12?17), y, hechos servidores de todos, ganar a muchos (cf. 1 Cor 9,19)” (OT,4).

“El texto conciliar insiste en la profunda coordinación que hay entre los diversos aspectos de la formación humana, espiritual e intelectual; y, al mismo tiempo, en su finalidad pastoral específica. En este sentido, la finalidad pastoral asegura a la formación humana, espiritual e intelectual algunos contenidos y características concretas, a la vez que unifica y determina toda la formación de los futuros sacerdotes.

“Como cualquier otra formación, también la formación pastoral se desarrolla mediante la reflexión madura y la aplicación práctica, y tiene sus raíces profundas en un espíritu que es el soporte y la fuerza impulsora y de desarrollo de todo.

“Por tanto, es necesario el estudio de una verdadera y propia disciplina teológica: la teología pastoral o práctica, que es una reflexión científica sobre la Iglesia en su vida diaria, con la fuerza del Espíritu, a través de la historia; una reflexión, sobre la Iglesia como “sacramento universal de salvación” (LG,48), como signo e instrumento vivo de la salvación de Jesucristo en la Palabra, en los Sacramentos y en el servicio de la caridad. La pastoral no es solamente un arte ni un conjunto de exhortaciones, experiencias y métodos; posee una categoría teológica plena, porque recibe de la fe los principios y criterios de la acción pastoral de la Iglesia en la historia, de una Iglesia que “engendra” cada día a la Iglesia misma, según la feliz expresión de San Beda el Venerable: “Nan et Ecclesia quotidie gignit Ecclesiam”. Entre estos principios y criterios se encuentra aquél especialmente importante del discernimiento evangélico sobre la situación sociocultural y eclesial, en cuyo ámbito se desarrolla la acción pastoral.

“El estudio de la teología pastoral debe iluminar la aplicación práctica mediante la entrega y algunos servicios pastorales que los candidatos al sacerdocio deben realizar, de manera progresiva y siempre en armonía con las demás tareas formativas; se trata de “experiencias” pastorales que han de confluir en un verdadero “aprendizaje pastoral”, y que puede durar incluso algún tiempo y que requiere una verificación de manera metódica.

“Mas el estudio y la actividad pastoral se apoyan en una fuente interior, que la formación deberá custodiar y valorizar: se trata de la comunión cada vez más profunda con la caridad pastoral de Jesús, la cual, así como ha sido el principio y fuerza de su acción salvífica, también, gracias a la efusión del Espíritu Santo en el sacramento del Orden, debe ser principio y fuerza del ministerio del presbítero. Se trata de una formación destinada no sólo a asegurar una competencia pastoral científica y una preparación práctica, sino también, y sobre todo, a garantizar el crecimiento de un modo de estar en comunión con los mismos sentimientos y actitudes de Cristo, buen Pastor: “Tener entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo” (Flp 2, 5).

(n.58) “Entendida así, la formación pastoral no puede reducirse a un simple aprendizaje, dirigido a familiarizarse con una técnica pastoral. El proyecto educativo del seminario se encarga de una verdadera y propia iniciación a la sensibilidad del pastor, a asumir de manera consciente y madura sus responsabilidades, al hábito interior de valorar los problemas y establecer las prioridades y los medios de solución, fundados siempre en claras motivaciones de fe y según las exigencias teológicas de la pastoral misma.

“A través de la experiencia inicial y progresiva en el ministerio, los futuros sacerdotes podrán ser introducidos en la tradición pastoral viva de su Iglesia particular; aprenderán a abrir el horizonte de su mente y de su corazón a la dimensión misionera de la vida eclesial; se ejercitarán en algunas formas iniciales de colaboración entre sí y con los presbíteros a los cuales serán enviados. En estos últimos recae ?en coordinación con el programa del seminario? una responsabilidad educativa pastoral de no poca importancia.

“En la elección de los lugares y servicios adecuados para la experiencia pastoral se debe prestar especial atención a la parroquia, célula vital de dichas experiencias sectoriales y especializadas, en la que los candidatos al sacerdocio se encontrarán frente a los problemas inherentes a su futuro ministerio. Los Padres sinodales han propuesto una serie de ejemplos concretos, como la visita a los enfermos, la atención a los emigrantes, exiliados y nómadas, el celo de la caridad que se traduce en diversas obras sociales. En particular dicen: “Es necesario que el presbítero sea testigo de la caridad de Cristo mismo que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38); el presbítero debe ser también el signo visible de la solicitud de la Iglesia, que es Madre y Maestra. Y puesto que el hombre de hoy está afectado por tantas desgracias, especialmente los que viven sometidos a una pobreza inhumana, a la violencia ciega o al poder abusivo, es necesario que el hombre de Dios, bien preparado para toda obra buena (cf. 2 Tim 3, 17), reivindique los derechos y la dignidad del hombre. Pero evite adherirse a falsas ideologías y olvidar, cuando trata de promover el bien, que el mundo es redimido sólo por la cruz de Cristo”.

“El conjunto de estas y de otras actividades pastorales educa al futuro sacerdote a vivir como “servicio” la propia misión de “autoridad” en la comunidad, alejándose de toda actitud de superioridad o ejercicio de un poder que no esté siempre y exclusivamente justificado por la caridad pastoral.

“Para una adecuada formación es necesario que las diversas experiencias de los candidatos al sacerdocio asuman un claro carácter “ministerial”, siempre en íntima conexión con todas las exigencias propias de la preparación al presbiterado y (por supuesto, sin menoscabo del estudio), relacionadas con el triple servicio de la Palabra, del culto y de presidir la comunidad. Estos servicios pueden ser la traducción concreta de los ministerios del Lectorado, Acolitado y Diaconado.

(n.59) “Ya que la actividad pastoral está destinada por su naturaleza a animar la Iglesia, que es esencialmente “misterio”, “comunión”, y “misión”, la formación pastoral deberá conocer y vivir estas dimensiones eclesiales en el ejercicio del ministerio.

“Es fundamental el ser conscientes de que la Iglesia es “misterio”, obra divina, fruto del Espíritu de Cristo, signo eficaz de la gracia, presencia de la Trinidad en la comunidad cristiana; esta conciencia, a la vez que no disminuirá el sentido de responsabilidad propio del pastor, lo convencerá de que el crecimiento de la Iglesia es obra gratuita del Espíritu y que su servicio ?encomendado por la misma gracia divina a la libre responsabilidad humana? es el servicio evangélico del “siervo inútil” (cf. Lc 17, 10).

“En segundo lugar, la conciencia de la Iglesia como “comunión” ayudará al candidato al sacerdocio a realizar una pastoral comunitaria, en colaboración cordial con los diversos agentes eclesiales: sacerdotes y Obispo, sacerdotes diocesanos y religiosos, sacerdotes y laicos. Pero esta colaboración supone el conocimiento y la estima de los diversos dones y carismas, de las diversas vocaciones y responsabilidades que el Espíritu ofrece y confía a los miembros del Cuerpo de Cristo; requiere un sentido vivo y preciso de la propia identidad y de la de las demás personas en la Iglesia; exige mutua confianza, paciencia, dulzura, capacidad de comprensión y de espera; se basa sobre todo en un amor a la Iglesia más grande que el amor a sí mismos y a las agrupaciones a las cuales se pertenece. Es especialmente importante preparar a los futuros sacerdotes para la colaboración con los laicos. “Oigan de buen grado ?dice el Concilio? a los laicos, considerando fraternalmente sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, a fin de que, juntamente con ellos, puedan conocer los signos de los tiempos” (PO,9). El Sínodo ha insistido también en la atención pastoral de los laicos: “Es necesario que el alumno sea capaz de proponer y ayudar a vivir a los fieles laicos, especialmente los jóvenes, las diversas vocaciones (matrimonio, servicios sociales, apostolado, ministerios y responsabilidades en las actividades pastorales, vida consagrada, dirección de la vida política y social, investigación científica, enseñanza). Sobre todo es necesario enseñar y ayudar a los laicos en su vocación de impregnar y transformar el mundo con la luz del Evangelio, reconociendo su propio cometido y respetándolo” (Prop.,28).

“Por último, la conciencia de la Iglesia como comunión “misionera” ayudará al candidato al sacerdocio a amar y vivir la dimensión misionera esencial de la Iglesia y de las diversas actividades pastorales; a estar abierto y disponible para todas las posibilidades ofrecidas hoy para el anuncio del Evangelio, sin olvidar la valiosa ayuda que pueden y deben dar al respecto los medios de comunicación social; y a prepararse para un ministerio que podrá exigirle la disponibilidad concreta al Espíritu Santo y al Obispo para ser enviado a predicar el Evangelio fuera de su país”.