PROYECTO FORMATIVO – objetivos, medios y actividades –

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Seminario Diocesano – San Agustín Diócesis de San Isidro – 1996

CONTENIDO Carta del Obispo a los seminaristas

    1. FINALIDAD DE LA FORMACION SACERDOTAL
      • Pastores a imagen de Cristo
      • La identidad sacerdotal

 

    1. LA COMUNIDAD DEL SEMINARIO
    1. CRITERIOS FORMATIVOS
      1. Criterios espirituales
      2. Criterios antropológicos
      3. Criterios pedagógicos
        1. Realismo
        2. Autoformación
        3. Integración
        4. Gradualidad
        5. Participación
        6. Disponibilidad
      4. Criterios pastorales

 

  1. ETAPAS DE LA FORMACION
    • PRIMERA ETAPA: CURSO INTRODUCTORIO
    • SEGUNDA ETAPA: PREVIA A LA ADMISION
    • TERCERA ETAPA: ADMISION Y MINISTERIOS DE LECTOR Y ACOLITO
    • CUARTA ETAPA: DIACONADO

CARTA A LOS SEMINARISTAS

Queridos amigos:

Quiero poner en manos de todos ustedes esta nueva edición del Proyecto Formativo de nuestro Seminario San Agustín. Después de ocho años de experiencia con el anterior Proyecto nos ha parecido oportuno a mí y a los formadores actualizarlo.

En estos últimos años la formación sacerdotal se vio iluminada con las orientaciones que el Papa Juan Pablo nos dejó en su Carta Pastores Dabo Vobis. En la Argentina los Obispos hemos revisado las Normas de la Formación Sacerdotal y, a la luz de la Carta del Papa, hemos publicado el nuevo Plan de Formación para los Seminarios de nuestro país.

Ustedes y yo hemos tenido la gracia de reflexionar juntos estos dos documentos en muchas oportunidades. Siempre he intentado acompañarlos con la Palabra de Dios y con la enseñanza de la Iglesia que nos orienta a vivir el sacerdocio de Jesús en estos tiempos difíciles, pero llenos de gracia y oportunidad de santificación.

Son mucho los interrogantes que hoy se nos plantean en la formación sacerdotal. )Cómo ser fieles al evangelio de Jesucristo y estar atentos a tantos desafíos que la realidad actual nos presenta? )Cómo identificarnos con Jesús buen Pastor y vivir esta identidad no impuesta desde afuera sino desde lo más profundo de nuestro ser, asumiéndola con libertad y gozo? )Cómo buscar la propia realización y no quedar atrapados en nosotros mismos sino entregarnos a los demás para no pretender, engañados, una felicidad falsa y egoísta? )Cómo lograr formar sacerdotes que vivan la comunión con su Obispo, con sus hermanos presbíteros, con los religiosos y los laicos, superando la tentación moderna de vivir la vocación de manera individualista y como expresión de los propios criterios y caprichos personales? )Cómo darnos cuenta que el Señor Jesús nos ha elegido para una misión exigente, pero también y antes que eso, para regalarnos su amistad, y entonces vivirla íntimamente en la vida espiritual y la oración, sin caer en un activismo desgastante?

Estas y otras cuestiones preocupan a la Iglesia, me preocupan a mí y a sus formadores y también a tantos fieles que necesitan pastores santos y llenos del gozo sacerdotal.

La vida de los sacerdotes y la formación sacerdotal se hacen cada vez más complejas. La misma vida de los hombres parece complicarse a tal punto que muchas veces reina la duda y la confusión. Por eso necesitamos constantemente escuchar a Dios y discernir su Voluntad. Nos hace falta conocer con claridad y desde la fe la identidad del sacerdocio de Cristo y también saber cómo vivirla en las actuales circunstancias. Esto es lo que nos dice el Papa en Pastores Dabo Vobis: «Es un ‘reto’ vinculado a una ‘llamada’ que Dios hace oír en una situación histórica determinada; en ella y por medio de ella Dios llama al creyente; pero antes aún llama a la Iglesia, para que mediante ‘el Evangelio de la vocación y del sacerdocio’ exprese su verdad perenne en las diversas circunstancias de la vida» (PDV 10).

En el presente Proyecto está plasmado ese esfuerzo de «discernimiento evangélico» que constantemente los formadores hacen junto conmigo y otros sacerdotes para mejorar la formación de todos ustedes. Aquí se les propone, a la luz de la Palabra de Dios y de las enseñanzas de la Iglesia, caminos muy concretos para que, al recorrerlos, ustedes se formen en la santidad sacerdotal y en la madurez humana y cristiana.

Quiero exhortarlos con cariño y firmeza a que sean cada vez más dóciles a la acción del Espíritu, que es el principal protagonista de la formación. El es el Amor personal del Padre y del Hijo y por eso es él quien puede formar en ustedes el corazón pastoral de Jesús. Pero la única manera que pueden vivir esa docilidad al Espíritu es prestando su «colaboración personal, convencida y cordial» a las mediaciones humanas de las que el mismo Espíritu se sirve, como nos dice el Papa (cf.PDV 69).

Les hablo concretamente de la Iglesia, de su Obispo y de sus diversos formadores. Confíen sus vidas a la acción de la gracia, de la cual la Iglesia, aun con sus limitaciones y defectos, es dispensadora. No crean que van a poder vivir el sacerdocio de Cristo sin la necesaria docilidad a la Iglesia de Cristo.

Sólo los caminos de la comunión, de la humilde disponibilidad y de la responsabilidad personal conducen a una vocación cristiana y sacerdotal gozosa y auténtica.

Confiado en Dios y en la Virgen Madre de Cristo y de todos sus sacerdotes, tengo una esperanza muy grande en el futuro de la Iglesia y de la vida sacerdotal. Más allá de nuestra debilidad y de los retos del presente, la fuerza de Dios se manifiesta poderosa. La Iglesia se renueva constantemente por la fuerza del Espíritu para servir más fielmente a los hombres. Este Proyecto es un signo más de esta renovación, de cómo Dios nos inspira caminos nuevos para vivir la vocación sacerdotal.

Los animo a comprometerse personalmente y como comunidad en la puesta en práctica de las orientaciones que les proponemos aquí. Sé que ayudados por Dios podrán hacerlo. Confío que sus formadores los acompañarán y también a ellos, al agradecerles de todo corazón que consagren su sacerdocio en esta abnegada tarea, los exhorto a renovar esfuerzos de amor y dedicación para llevar adelante las orientaciones de este Plan.

Con esta confianza, invocando la protección de la Santísima Virgen sobre todos ustedes, le entrego el nuevo Proyecto Formativo.

+ Jorge Casaretto Obispo de San Isidro


I. FINALIDAD DE LA FORMACION SACERDOTAL

    1. Pastores a imagen de Cristo

      «Toda la educación de los seminaristas tiene por finalidad la formación de verdaderos pastores a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor» . En efecto, «la formación de los candidatos al sacerdocio está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor. Por tanto, esta formación, en sus diversos aspectos, debe tener un carácter esencialmente pastoral» .

      Los jóvenes que siguen a Cristo por el camino de la vocación sacerdotal se preparan a la «consagración obrada por el Espíritu Santo en la efusión sacramental del Orden» . La gracia del presbiterado animará en ellos una forma de vida «caracterizada, plasmada y definida por aquellas actitudes y comportamientos que son propios de Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia y que se compendian en su caridad pastoral» . Por eso toda la formación de los seminaristas deberá ayudarlos a que, según la originalidad propia de cada uno, todos puedan madurar un corazón de pastor.

      El corazón es símbolo y expresión de la identidad más profunda de la persona. Esta identidad personal -íntima y misteriosa- es amada y creada por Dios desde toda la eternidad. Por eso, a quien llama al sacerdocio, el Señor le dice: «antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía, antes que salieras del seno, yo te había consagrado» (Jer.1,5). La identidad sacerdotal no es extrínseca a la persona llamada al ministerio: ser sacerdote es la manera como dicha persona es verdaderamente ella misma.

      Desde esta consideración comprendemos que la formación del pastor no consiste tanto en plasmar desde fuera una manera exterior de actuar, grabar ciertos hábitos de vida o simplemente capacitar para cumplir una función. Más bien la formación sacerdotal ha de procurar que los jóvenes llamados descubran y vivan con serena convicción su identidad profunda.

      El Seminario propondrá los medios espirituales y pedagógicos más adecuados a fin de que cada joven discierna con libertad y serenidad el llamado de Dios a configurarse con Cristo buen Pastor y a vivir de ese modo la verdad del propio ser. El signo más elocuente de haber sido llamado al sacerdocio consiste en vivir consciente y libremente la identidad sacerdotal con todas sus exigencias y experimentar el gozo de ser verdaderamente uno mismo y darse por entero a Dios y a su Pueblo. Solamente desde un sentido de identidad seguro y sereno, con la ayuda de la gracia, será posible «perseverar» en el don de sí mismo en favor del rebaño, en y con Cristo buen Pastor.

  1. La identidad sacerdotal

    A continuación presentamos de manera sentética los principales rasgos vitales de la identidad del sacerdote: las actitudes y comportamientos propios del pastor que se compendian en la caridad pastoral.

    El sacerdote es:

    • Un hombre de Dios, que posee familiaridad personal con su Palabra y se acerca ella con un corazón dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos y engendre dentro de sí «la mente de Cristo» (1 Cor 2,16) .

    • Es ministro de los Sacramentos, y en su celebración ha de vivir y testimoniar la unidad profunda entre el ejercicio del ministerio y su vida espiritual donde la eucaristía ocupa el lugar central .

    • Se dispone a conducir la Iglesia como el que sirve: atento a cada una de las personas y a las diversas vocaciones, con capacidad de coordinar todos los dones y carismas que el Espíritu suscita en la comunidad .

    • Animado por un profundo amor a la Iglesia particular vive en comunión con el Obispo, el presbiterio, los religiosos y los laicos y entiende y ejerce su ministerio en «forma comunitaria» y como una «tarea colectiva» .

    • Es capaz de vivir el celibato amando y donándose a sí mismo, como esposo y padre, viviendo el sacrificio y la ofrenda de su persona unida a la eucaristía .

    • Vive unido y configurado con Cristo asumiendo el radicalismo evangélico que se expresa en la pobreza, la castidad y la obediencia .

    • Un hombre lleno de ardor misionero que vive la misión bajo el signo del Espíritu y de su influjo santificador, lo que le permite santificarse mediante el ejercicio de su ministerio .

    • Tiene sensibilidad para comprender las necesidades y acoger los ruegos, intuir las preguntas no expresadas, compartir las esperanzas y expectativas, las alegrías y los trabajos de la vida ordinaria, capaz de encontrar a todos y dialogar con todos, sirviendo especialmente a los más pobres .

    Los seminaristas están llamados a madurar progresivamente en estos rasgos pastorales de la vida sacerdotal. Para ello han de crecer en «un modo de estar en comunión con los mismo sentimientos y actitudes de Cristo, buen Pastor» .


II. LA COMUNIDAD DEL SEMINARIO

Así como el Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamó a los que El quiso, eligió a Doce para que viviesen con El y enviarlos a predicar el Reino de Dios, de modo semejante, el Seminario es, a su manera, «una continuación en la Iglesia de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús» .

El Seminario Diocesano «es una comunidad educativa en camino: la comunidad promovida por el Obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce» .

«La vocación al ministerio presbiteral es esencialmente eclesial. No queda circunscripta al ámbito puramente personal ya que es una realidad que afecta vitalmente a la misión que el Señor ha encomendado a su Iglesia. Es Dios quien llama y es la Iglesia quien debe hacer el discernimiento de la vocación por medio del Obispo y de la comunidad. Por lo tanto, no basta la espontánea decisión del sujeto, ni una pretendida formación personal sin m’as ingerencia que la del propio director espiritual. Es necesaria la mediación de la comunidad del Seminario a fin de cumplir con la tarea de discernimiento y formación de los candidatos» .

En el Seminario Diocesano esta tarea está inspirada por diversos criterios espirituales, antropológicos, pedagógicos y pastorales en clara consonancia con la orientaciones de la Iglesia universal y de la Argentina .

A continuación presentamos los criterios formativos de nuestro Seminario.


III. CRITERIOS FORMATIVOS

    1. Criterios espirituales

      Toda la formación sacerdotal se funda en la experiencia del llamado personal de Dios a los jóvenes a seguir a Cristo por el camino del sacerdocio. En el origen y desarrollo de cada vocación existe un vínculo inseparable entre la gracia divina y la responsabilidad humana. Por eso «la historia de toda vocación sacerdotal es la historia de un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que responde a Dios en el amor» .

      El llamado al sacerdocio es como tal una gracia otorgada por Dios de una vez para siempre, pero quien ha sido elegido la va descubriendo y recibiendo de manera gradual a medida que avanza en el camino de la vocación.

      El dinamismo de la gracia es misterioso y no se puede sistematizar en un plan de formación sacerdotal. No obstante, es posible describir un cierto itinerario con etapas, donde el don de Dios se va explicitando progresivamente, cada vez más generoso y exigente, hasta que se consuma mediante la efusión del Espíritu en el sacramento del Orden.

      Concientes de este dinamismo, los seminaristas han de buscar y pedir la gracia que aspiran a recibir de Dios en cada momento de su historia vocacional. En ella se encierra el Amor personal de Jesús y la fuerza necesaria para corresponderle con libertad y compromiso crecientes, abrazando las exigencias propias de la etapa que se está recorriendo.

      Conforme a este criterio, el presente Proyecto Formativo describe los distintos momentos del seguimiento de Cristo hasta llegar a la identificación sacramental con El, como Cabeza y Pastor. En cada etapa se indica en primer lugar cuál es la gracia que se pide y espera recibir. A ella corresponden una serie de exigencias expresadas en los distintos objetivos que es necesario procurar para ser fieles a Jesús y a su llamado.

      Desde esta orientación espiritual y pedagógica los seminaristas pueden comprender mejor que «el Protagonista por antonomasia de su formación es el Espíritu Santo, que, con el don de un corazón nuevo, configura y hace semejante a Jesucristo el buen Pastor» y así fortalecen de una manera más radical su libertad, acogiendo la acción formativa del Espíritu que se manifiesta en las mediaciones humanas de las que el mismo Espíritu se sirve .

      Cuando los seminaristas procuren alcanzar los objetivos han de saber que esa es la manera de expresar su respuesta al amor precedente, libre y gratuito de Dios que los ha elegido en Cristo .

      La formulación de objetivos no pretende suscitar un vano perfeccionismo espiritual fundado en el propio esfuerzo, sino un auténtico deseo de santidad. El cumplimiento de los objetivos es posible cuando el candidato, abierto a la gracia, asume un camino de verdadera conversión. Solamente viviendo desde la primacía absoluta del Amor de Dios y del don de su gracia se hace posible aspirar a la santidad. En efecto, sólo «el Espíritu del Señor se manifiesta como fuente de santidad y llamada a la santificación» y sólo «el don de gracia ofrecido a la Iglesia se hace principio de santidad y llamada a la santificación» .

    1. Criterios antropológicos

      El llamado al sacerdocio «empeña a la persona en su totalidad» , puesto que el pastor está llamado a vivir «un amor que compromete a toda la persona, a nivel físico, psíquico y espiritual» . Por eso la formación sacerdotal supone y exige la maduración sexual, afectiva, espiritual y moral de los candidatos.

      Desde esta concepción integral de la persona humana se sigue una visión integradora de la formación sacerdotal. Para lograr una madurez vocacional es necesario la maduración e integración de la personalidad. «Sin una adecuada formación humana toda la formación sacerdotal estaría privada de su fundamento necesario» .

      «La madurez humana, y en particular la afectiva, exigen una formación clara y sólida para una libertad que se presenta como obediencia convencida y cordial a la «verdad» del propio ser, al significado de la propia existencia, o sea, al «don sincero de sí mismo», como camino y contenido fundamental de la auténtica realización personal» .

      El Seminario quiere acompañar a los jóvenes por un camino donde estén íntimamente unidos el crecimiento vocacional y la maduración humana. Esto les permitirá vivir su futura consagración como fuente de alegría y realización personal.

    1. Criterios pedagógicos

      1. Realismo: El proceso de configuración con Cristo Sacerdote y Pastor no puede desconocer la realidad personal de cada joven. La búsqueda del ideal de santidad es auténtica cuando se funda en las posibilidades reales de cada uno. Es necesario que el seminarista se conozca y se acepte, para que con confianza en sí mismo y apoyado en la acción de la gracia, despliegue el potencial personal que existe germinalmente en él.

      2. Autoformación: El seminarista «es protagonista necesario e insustituible de su formación: toda formación -incluida la sacerdotal- es en definitiva una auto-formación. Nadie nos puede sustituir en la libertad responsable que tenemos cada uno como persona» . La formación en el Seminario supone y apela a la libertad responsable de cada joven y deberá promoverla. No una libertad al servicio de la propia subjetividad exacerbada, sino orientada dócilmente a las propuestas pedagógicas del Seminario. La formación en el Seminario apunta a lograr una sana autonomía del sujeto para que éste asuma con íntima convicción todas las exigencias y valores del sacerdocio y quiera vivir, una vez ordenado, un proceso de formación permanente.

      3. Integración: La verdadera maduración vocacional no se da cuando el seminarista crece en un aspecto aislado de su formación, sino cuando logra una integración suficiente de las distintas dimensiones formativas (humana, espiritual, intelectual, pastoral, comunitaria). La vida y disciplina del Seminario deberá favorecer en los seminaristas esta integración.

      4. Gradualidad: La maduración humana y la formación sacerdotal son progresivas. La integración deseada necesita tiempo. Por eso cada seminarista intentará vivir sin ansiedades ni apuros su proceso personal de crecimiento, siendo fiel a lo que Dios le pide en cada etapa.

      5. Participación: La vida en el Seminario requiere la activa participación de los seminaristas que deberá ser constantemente promovida y armonizada, tanto a nivel personal como de las pequeñas comunidades. La pasividad o indiferencia manifiestan desgano en el deseo de seguir a Cristo en una comunidad de discípulos.

      6. Disponibilidad: La acción formativa del Espíritu se hace más eficaz cuando los candidatos acogen las mediaciones humanas de las que el mismo Espíritu se sirve. Los formadores han de lograr la necesaria comunión y confianza con los seminaristas para contar con su generosa disponibilidad para formarse: sinceridad, colaboración convencida, apertura de corazón a estos criterios formativos, docilidad a las normas de vida de la comunidad, etc.

  1. Criterios pastorales

    El Seminario, comunidad educativa y eclesial, guardando la intimidad necesaria para alcanzar su propio fin, ha de estar estrechamente vinculado a la vida y misión de la Iglesia diocesana. Por eso, los criterios formativos del Seminario están en consonancia con las orientaciones pastorales del Obispo y con las opciones pastorales de la Diócesis.

    Por otra parte, toda la comunidad diocesana presidida por el Obispo, participa, de modo diverso pero orgánico, en la formación de los futuros pastores: las familias cristianas, las comunidades parroquiales, los religiosos y religiosas, los sacerdotes, especialmente los párrocos. Todos prestan una ayuda eficaz en la promoción de las vocaciones y en la formación de los seminaristas. Con todo, la responsabilidad directa de su formación recae sobre el Obispo y los diversos formadores del Seminario .

    El envío de seminaristas a las parroquias es un modo de concretar este protagonismo de la comunidad eclesial en su formación. Por eso el motivo principal de la presencia y apostolado de los seminaristas en las parroquias es pedagógico: se busca en primer lugar su formación y no tanto que asuman funciones propias de los agentes pastorales parroquiales.


IV. ETAPAS DEL PROCESO FORMATIVO

    • PRIMERA ETAPA: CURSO INTRODUCTORIO

      La gracia del llamado a seguir a Jesús y del desprendimiento.

      «Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres. Inmediatamente ellos dejaron las redes y lo siguieron» (Mt 4,19-20).

      Formación humana

        • Objetivos:

          • Iniciarse en el conocimiento y recta valoración de sí mismo.

          • Aprender a sanar las propias heridas y debilidades a la luz de la Palabra de Dios y desde la experiencia de la fe, para vivir la propia historia como lugar de salvación.

          • Crecer en la libertad interior para vivir con disponibilidad y responsabilidad las exigencias del Seminario.

      • Medios y actividades:

        • Dirección espiritual y encuentros con el formador.

        • Reuniones de formación.

        • Revisión de vida en comunidad.

        • Curso sobre madurez afectiva y sexual.

        • Trabajo manual.

        • Deportes.

      Formación espiritual

        • Objetivos:

          • Vivir una profunda experiencia de interioridad y sosiego que posibilite el encuentro personal con Cristo, aprendiendo el arte de la «lectio divina» y de la oración.

          • Emprender el seguimiento de Jesús con perseverancia y paciencia, viviendo como discípulos, abiertos a la formación del Seminario, dispuestos a escuchar, aprender y compartir.

          • Clarificar y confirmar la opción vocacional, profundizando en el conocimiento de Dios, de sí mismo y del sacerdocio ministerial.

          • Profundizar en el Misterio de Cristo celebrado en la Liturgia mediante una iniciación litúrgica sistemática.

          • Iniciarse vitalmente en el conocimiento de las leyes del discernimiento que guían la lucha y el crecimiento espiritual para que, con la ayuda de la gracia, se aprendan a superar las tentaciones y a perseverar en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

      • Medios y actividades:

        • Dirección espiritual y confesión frecuentes.

        • Encuentros periódicos con el formador.

        • Liturgia cotidiana (eucaristía, Liturgia de las horas).

        • Oración personal.

        • Pedagogía de la oración y de la lectio divina.

        • Retiros mensuales y anual.

        • Pedagogía del silencio interior y exterior.

        • Reuniones de formación.

        • Clases.

        • Adoración al Señor sacramentado.

        • Rosario.

      Formación intelectual

        • Objetivos:

          • Enriquecer la propia formación cristiana profundizando los principales misterios de la fe.

          • Asegurar conocimientos básicos de lengua, literatura, arte e historia.

          • Iniciarse en la metodología del estudio y el aprendizaje.

      • Medios y actividades:

        • Charlas introductorias y clases programadas.

        • Estudio personal y grupal.

      Formación pastoral

        • Objetivos:

          • Conocer la misión pastoral de la Iglesia y profundizar en el significado de la nueva evangelización.

          • Iniciarse en el conocimiento de la Iglesia diocesana y sus principales opciones pastorales.

          • Iniciarse como seminarista en la «experiencia apostólica comunitaria» preparando y realizando una misión.

      • Medios y actividades:

        • Charlas y clases sistemáticas.

        • Visita a las parroquias de la Diócesis.

        • Misión comunitaria en un barrio.

      Formación comunitaria

        • Objetivos:

          • Descubrir y experimentar el valor de la vida en comunidad: convivencia, oración en común, revisión y conversión de vida, puesta en común de bienes, trabajos y servicios en la casa.

          • Aprender a entrar en relación, crecer en la aceptación de los hermanos, el diálogo interpersonal y la disposición para compartir.

          • Asumir un nuevo estilo de vida, propio de los discípulos de Jesús, que se manifiesta en el desprendimiento, la austeridad de vida, el cuidado de los bienes de la comunidad.

      • Medios y actividades:

        • Reuniones de formación.

        • Revisión de la vida en comunidad.

        • Oración comunitaria.

        • Puesta en común de bienes.

        • Salidas comunitarias y campamento.

        • Trabajo manual.

    • SEGUNDA ETAPA: PREVIA A LA ADMISIÓN

      La gracia de una más profunda conciencia de sí mismo y de un nuevo seguimiento, más libre, decidido y generoso de Jesús.

      «Aléjate de mí Señor porque soy un pecador. No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres. Y dejándolo todo, lo siguieron» (Lc.5,8-11).

      «Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, cargue su cruz, y me siga» (Mt 16,24).

      Formación humana

        • Objetivos:

          • Crecer en el conocimiento y aceptación de sí mismo para lograr una mayor integración de la personalidad.

          • Abrirse a la experiencia de amistades sinceras y generosas; madurar la propia afectividad y sexualidad.

          • Descubrir los propios talentos, desplegándolos en favor de la comunidad y purificar los principales defectos con paciencia y humildad.

          • Crecer en la responsabilidad frente a las exigencias de la vida en el Seminario.

      • Medios y actividades:

        • Dirección espiritual y encuentros con el formador.

        • Talleres y reuniones de formación.

        • Cursos breves sobre madurez afectiva.

        • Revisión de la vida en comunidad.

        • Ejercicio de oficios y responsabilidades en la comunidad.

        • Diálogo fraterno.

      Formación espiritual

        • Objetivos:

          • Madurar la propia fe y crecer en el conocimiento amoroso de Jesucristo en la Liturgia, la oración personal y el contacto con la Palabra de Dios.

          • Avanzar en el camino de una auténtica conversión mediante el encuentro personal con Cristo y el conocimiento sincero de sí mismo, discerniendo con realismo las propias motivaciones vocacionales, purificándolas y consolidándolas.

          • Perseverar cada día en la práctica del bien por amor a Jesús y fidelidad a su seguimiento, aún cuando desaparezcan las motivaciones más sensibles.

          • Acrecentar el vínculo amoroso y filial con la Virgen María.

      • Medios y actividades:

        • Dirección espiritual y confesión frecuentes.

        • Oración personal. Lectio divina. Activa participación litúrgica.

        • Retiros mensuales y anual.

        • Adoración al Señor sacramentado.

        • Rosario.

        • Reuniones de formación.

      Formación intelectual

        • Objetivos:

          • Alcanzar una sólida formación filosófica mediante una visión sapiencial del ser creado y de la historia, que fomente la actitud contemplativa y posibilite un discernimiento lúcido de la realidad en que se vive y de las tendencias culturales.

          • Adquirir un método de estudio y el hábito de la investigación que preparen para asumir en el futuro una formación intelectual permanente.

          • Lograr a través del estudio el amor por la verdad y la capacidad de descubrirla allí donde esté presente.

      • Medios y actividades:

        • Estudio sistemático.

        • Investigación de temas con una metodología activa.

        • Reuniones de formación vinculando temas de estudio, espiritualidad y pastoral.

      Formación pastoral

        • Objetivos:

          • Madurar el sentido de pertenencia al Pueblo de Dios que anuncia el evangelio participando junto con los fieles en la pastoral de una parroquia y asumiendo una actividad apostólica que implique exigencia y dedicación moderadas.

          • Crecer en los sentimientos pastorales de Jesús aprendiendo a vincular la experiencia vivida en el apostolado con la vida espiritual personal y comunitaria.

          • Madurar un corazón misionero que anuncie el evangelio más allá de los límites de la propia diócesis.

      • Medios y actividades:

        • Participación gradual en la pastoral parroquial sin responsabilidades de conducción.

        • Misiones de verano.

        • Talleres y reuniones de formación.

        • Capacitación práctica conforme al plan de formación pastoral.

      Formación comunitaria

        • Objetivos:

          • Intensificar la vida cristiana en comunidad y desarrollar las actitudes y comportamientos que favorecen la convivencia fraterna.

          • Ampliar los vínculos fraternos en relación a toda la comunidad de seminaristas y asumir mayores responsabilidades y oficios en el Seminario.

          • Madurar un sentido vivo de pertenencia a la Iglesia diocesana, descubriendo y valorando la pluralidad legítima y enriquecedora de sus miembros.

      • Medios y actividades:

        • Diálogo fraterno.

        • Oración compartida.

        • Puesta en común de bienes.

        • Revisión de la vida en comunidad.

        • Salidas comunitarias.

        • Apostolado en parroquias y participación en actos diocesanos.

    • TERCERA ETAPA: ADMISIÓN Y MINISTERIOS DE LECTOR Y ACOLITO

      La gracia de unirse a Jesús buen Pastor y recibir un corazón semejante al suyo capaz de dar con libertad la propia vida.

      «Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor de su vida por las ovejas… Nadie me quita la vida, yo la entrego libremente» (Jn 10,11.18).

      Formación humana

        • Objetivos:

          • Unificar y madurar la personalidad en congruencia con la opción vocacional al presbiterado: libertad interior, entrega generosa, comunicación abierta, castidad y pureza de corazón.

          • Afianzar la responsabilidad personal, la perseverancia y laboriosidad, la austeridad de vida, la armonía interior y exterior.

          • Lograr el hábito del discernimiento: apreciación integradora, justa y prudencial de la realidad, vivida desde la paz consigo mismo y la aceptación serena de los demás.

      • Medios y actividades:

        • Dirección espiritual y encuentros con el formador.

        • Participación creciente en responsabilidades de la vida comunitaria.

        • Reuniones de formación.

        • Cursos breves sobre maduración afectiva.

      Formación espiritual

        • Objetivos:

          • Ahondar en la experiencia del Dios vivo por la celebración de la Liturgia, la oración, la meditación de la Palabra, para conocer su Voluntad y seguir a Cristo en la renuncia a sí mismo y en la entrega cotidiana.

          • Vivir una unión íntima con el corazón de Jesús buen Pastor y Esposo de la Iglesia, consolidando la vida de celibato y asumiendo la espiritualidad sacerdotal centrada en la caridad pastoral.

          • Crecer en el estilo de vida del presbítero diocesano: amor y compromiso con la propia Diócesis y comunión con sus miembros, espíritu misionero, cordial inserción en el mundo desde la propia identidad de consagrado, amor a los pobres.

          • Cultivar aquellas virtudes humanas más estimadas por los hombres y que forman el corazón humano del sacerdote: sinceridad, búsqueda constante de justicia, fidelidad a la palabra dada, afabilidad (superando el espíritu arrogante y polémico), prudencia y discreción, generosidad y disponibilidad para el servicio, capacidad para entablar con todos relaciones leales y fraternas, disposición para comprender, perdonar y consolar.

      • Medios y actividades:

        • Dirección espiritual y confesión frecuentes.

        • Encuentros con el formador.

        • Oración personal. Lectio divina. Activa participación litúrgica.

        • Retiros mensuales y anual.

        • Adoración al Señor sacramentado.

        • Rosario.

        • Reuniones de formación.

        • Estudio de la teología espiritual y de la espiritualidad del pastor.

      Formación intelectual

        • Objetivos:

          • Alcanzar una honda comprensión de los misterios de la salvación que inspire el anuncio del evangelio para iluminar la vida y cultura de los hombres.

          • Afianzar el hábito y gusto por el estudio, la investigación y la reflexión que disponga a la futura formación intelectual permanente.

          • Adquirir un pensamiento teológico-pastoral maduro que manifieste la comprensión sistemática y sintética de las distintas disciplinas teológicas.

      • Medios y actividades:

        • Estudio sistemático.

        • Trabajos de investigación.

      Formación pastoral

        • Objetivos:

          • Lograr una progresiva identificación con Jesús buen Pastor, madurando el estilo de vida y trabajo pastoral propios del sacerdote diocesano: colaboración apostólica con el Obispo, vivida en el presbiterio, en comunión y servicio a los fieles, para la edificación de la unidad eclesial.

          • Insertarse progresivamente en distintas campos de la pastoral y vivir la «ministerialidad» en comunión y disponibilidad con los sacerdotes, colaborando con religiosos/as y laicos, sabiendo escuchar, valorar y aprender.

          • Crecer en el ardor misionero con un amor especial por los más pobres, los enfermos, los débiles y sufrientes.

          • Aprender el hábito de la reflexión pastoral, adquiriendo criterios pastorales en consonancia con las orientaciones de la Iglesia universal, regional y particular.

      • Medios y actividades:

        • Ejercicio de los ministerios de lector y acólito.

        • Apostolado en hospitales y cotolengos.

        • Participación en la pastoral parroquial.

        • Misiones de verano.

        • Estudio de la teología pastoral: teórica y práctica (conforme al plan de formación pastoral).

      Formación comunitaria

        • Objetivos:

          • Crecer en la integración generosa y sincera con los miembros de la comunidad de seminaristas, preparándose así para vivir la fraternidad sacerdotal en el presbiterio.

          • Aprender a vivir una sana autonomía y libertad de acción, sin aislarse de los hermanos, siendo ejemplo para los seminarista menores y en sincera comunión y disponibilidad con los formadores.

          • Crecer en el sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana viviendo vínculos de fraternidad y comunión con sus miembros.

      • Medios y actividades:

        • Oración compartida.

        • Puesta en común de bienes.

        • Reuniones de revisión de vida.

        • Salidas comunitarias.

        • Apostolado en parroquias y participación en actos diocesanos.

  • CUARTA ETAPA: DIACONADO

    La gracia de la ordenación diaconal y sacerdotal que configura con Cristo Cabeza y Esposo de la Iglesia. El don del celibato recibido como estímulo de la caridad pastoral.

    El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha consagrado por la unción@ (Lc 4,18).

    «Me amas más que estos?». Señor tú lo sabes todo, sabes que te amo. «Apacienta mis ovejas… Sígueme» (Jn 21,17-19).

    Formación humana

      • Objetivos:

        • Madurar y enriquecer la personalidad del pastor por el ejercicio de las funciones propias, viviendo un servicio humilde y abnegado y asumiendo responsabilidades ministeriales cada vez mayores.

        • Crecer en la libertad responsable: aprender a organizar el propio tiempo y medir las propias fuerzas (abnegarse en el ministerio pastoral y perseverar en los tiempos de oración, saber cansarse y descansar); crecer en cercanía cordial con los fieles y vivir con coherencia el celibato, etc.

    • Medios y actividades:

      • Vida y ejercicio del ministerio en una parroquia.

      • Dirección espiritual, encuentros con el formador, diálogo con el párroco.

      • Reuniones de formación.

    Formación espiritual

      • Objetivos:

        • Descubrir y vivir el valor santificador del ministerio diaconal: amar y meditar la Palabra que se anuncia; comulgar íntimamente con el Señor cuyo cuerpo se distribuye a los fieles; amar y servir con humildad, especialmente a los más pobres.

        • Afianzar la espiritualidad del presbítero diocesano, profundizando la relación filial con el Obispo y fraternal con los hermanos sacerdotes y diáconos, como también con religiosos, religiosas y laicos.

        • Crecer en la caridad pastoral que es el don de la propia vida al Pueblo de Dios y se expresa, entre otras, en estas virtudes: fidelidad, coherencia, acogida a todos, afabilidad, firmeza doctrinal, desprendimiento y entrega personal, paciencia, misericordia, gusto por el esfuerzo diario, confianza en la acción escondida de la gracia, etc.

        • Vivir una unión íntima con el corazón de Jesús buen Pastor y Esposo de la Iglesia consolidando la vida de celibato.

    • Medios y actividades:

      • Dirección espiritual y encuentros con el formador.

      • Ejercicio del ministerio.

      • Oración personal y compartida con los sacerdotes de la parroquia.

      • Retiros espirituales.

      • Reuniones de formación.

    Formación intelectual

      • Objetivos:

        • Continuar el estudio y la lectura de la teología y la pastoral, de manera personal y grupal, que perfeccionen la formación del corazón y la mente del pastor e iluminen la acción pastoral.

    • Medios y actividades:

      • Estudio personal y compartido.

    Formación pastoral

      • Objetivos:

        • Aprender a vivir la autoridad y el servicio de Jesucristo Cabeza y Pastor de la Iglesia, animando y guiando la comunidad eclesial, en estrecha y obediente comunión con el párroco y demás sacerdotes.

        • Capacitarse en teoría y práctica pastoral, de modo particular, la que se refiere al ministerio presbiteral.

        • Aprender la práctica sacramental de la confesión y la celebración de la eucaristía.

    • Medios y actividades:

      • Ejercicio del ministerio y periódica evaluación con el párroco.

      • Cursos sobre temas pastorales.

      • Capacitación para el ministerio de la confesión sacramental.

    Formación comunitaria

      • Objetivos:

        • Insertarse en la vida parroquial y el presbiterio: comunión con los sacerdotes y demás diáconos, disponibilidad y obediencia al Obispo y al propio párroco, generoso servicio a los más pobres, abierta colaboración con los fieles.

    • Medios y actividades:

      • Ejercicio de la conducción pastoral en grupos o comunidades.

      • Participación intensa en la vida y misión de la parroquia.

      • Fraternidad y oración con los sacerdotes de la parroquia.

      • Reuniones de decanato.

      • Diálogo con el Obispo y el vicario del clero.

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