III Asamblea General del Episcopado Latinoamericano Documento de Puebla (1979) – Algunos extractos

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TERCERA PARTE
Cap. II: AGENTES DE COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

1. MINISTERIO JERÁRQUICO

El Ministerio Jerárquico signo sacramental de Cristo Pastor y Cabeza de la Iglesia, es el principal responsable de la edificación de la Iglesia en la comunión y de la dinamización de su acción evangelizadora. (659)

1.1 Introducción

Ha sido muy activa en estos años la reflexión teológica sobre la identidad sacerdotal, urgida por crisis y desajustes que la golpearon con cierta fuerza. Hace falta, entonces, y para ello invitamos a teólogos y pastoralistas, profundizar en un campo tan importante, según las directrices del magisterio, en particular del Concilio Vaticano II, Medellín, Sínodo de Obispos de 1971 y el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos. Una visión de síntesis, en la que aparezca la convergencia de elementos, a veces presentados como contrapuestos, cobra gran interés. (660)

El Sacerdocio, en virtud de su participación sacramental con Cristo, cabeza de la Iglesia, es, por la Palabra y la Eucaristía, servicio de la Unidad de la Comunidad. El Ministerio de la comunidad implica la participación en el poder o autoridad que Cristo comunica mediante la ordenación y que constituye al Sacerdote en la triple dimensión del ministerio de Cristo Profeta, Liturgo y Rey, en alguien que actúa en su nombre, al servicio de la Comunidad. (661)

El ser y el obrar del sacerdote, en la identidad de su servicio, está referido a la Eucaristía, raíz y quicio de toda comunidad, centro de la vida sacramental, hacia la cual lleva la Palabra. Por eso, se puede decir que donde hay Eucaristía hay Iglesia. Como ésta es servida por el Obispo, en unión con el Presbiterio, es igualmente cierto decir «Donde esté el Obispo está la Iglesia». (662)

En virtud de la fraternidad sacramental, la plena unidad entre los Ministros de la Comunidad es ya un hecho evangelizador, cuya exigencia es recordada por el Papa en su Discurso inaugural. De aquí deriva la misma unidad pastoral. (663)

1.2 Situación

Se nota casi en todos los ministros un creciente interés de actualización no sólo intelectual sino espiritual y pastoral y un deseo de aprovechamiento de todos los medios que la favorecen. (669)

Se advierte una mayor clarificación con respecto a la identidad sacerdotal que ha conducido a una nueva afirmación de la vida espiritual del ministerio jerárquico y a un servicio preferencial a los pobres. (670)

Los pastores han contribuido sensiblemente a una mayor toma de conciencia en la acción de los laicos, tanto en su vocación específica secular, como en una participación más responsable en la vida de la Iglesia, inclusive mediante los diversos ministerios. (671)

1.3 Iluminación Teológico-Pastoral

«El ministerio eclesiástico, de institución divina, es ejercido en diversos órdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llamándose obispos, presbíteros y diáconos» (LG 28). Constituyen el ministerio jerárquico y se reciben mediante la «imposición de las manos», en el Sacramento del Orden. Como lo enseña el Vaticano II, por el Sacramento del Orden -Episcopal y presbiteral- se confiere un sacerdocio ministerial, esencialmente distinto del sacerdocio común del que participan todos los fieles por el Sacramento del Bautismo; quienes reciben el ministerio jerárquico quedan constituidos, según sus funciones, pastores en la Iglesia. Como el Buen Pastor, van delante de las ovejas; dan la vida por ellas para que tengan vida y la tengan en abundancia; las conocen y son conocidos por ellas. (681)

El Obispo es maestro de la verdad. En una Iglesia totalmente al servicio de la Palabra, es el primer evangelizador, el primer catequista; ninguna otra tarea lo puede eximir de esta misión sagrada. Medita religiosamente la Palabra, se actualiza doctrinalmente, predica personalmente al pueblo; vela porque su comunidad avance continuamente en el conocimiento y práctica de la Palabra de Dios, alentando y guiando a todos los que enseñan en la Iglesia (a fin de evitar «magisterios paralelos» de personas o grupos), y promoviendo la colaboración de los teólogos que ejercitan su carisma específico dentro de la Iglesia, desde la metodología propia de la teología, para lo cual busca la actualización teológica a fin de poder discernir la Verdad y mantiene una actitud de diálogo con ellos. Todo esto en comunión con el Papa y con sus hermanos Obispos, especialmente los de su propia Conferencia Episcopal. (687)

El Obispo es signo y constructor de la unidad. Hace de su autoridad evangélicamente ejercida, un servicio a la unidad; promueve la misión de toda la comunidad diocesana; fomenta la participación y corresponsabilidad a diferentes niveles; infunde confianza en sus colaboradores (especialmente los presbíteros para quienes debe ser padre, hermano y amigo); crea en la diócesis un clima tal de comunión eclesial orgánica y espiritual que permita a todos los religiosos y religiosas vivir su pertenencia peculiar a la familia diocesana; discierne y valora la multiplicidad y variedad de los carismas derramados en los miembros de su Iglesia, de modo que concurran eficazmente integrados, al crecimiento y vitalidad de la misma; está presente en las principales circunstancias de la vida de su Iglesia particular. (688)

Los presbíteros por el sacramento del orden, quedan constituidos en los colaboradores principales de los Obispos para su triple ministerio; hacen presente a Cristo-Cabeza en medio de la comunidad; forman, junto con su Obispo y unidos en íntima fraternidad sacramental, un solo presbiterio dedicado a variadas tareas para servicio de la Iglesia y del mundo. Estas realidades hacen de ellos «piezas centrales de la tarea eclesial» (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 1. AAS LXXI p. 179). (690)

Por ser inseparables de los Obispos, los rasgos de espiritualidad pastoral antes descritos se aplican también al presbítero. En la actual situación de la Iglesia en América Latina se ve prioritario lo siguiente: (691)

El presbítero anuncia el Reino de Dios que se inicia en este mundo y tendrá su plenitud cuando Cristo venga al final de los tiempos. Por el servicio de ese Reino, abandona todo para seguir a su Señor. Signo de esa entrega radical es el celibato ministerial, don de Cristo mismo y garantía de una dedicación generosa y libre al servicio de los hombres. (692)

El presbítero es un hombre de Dios. Sólo puede ser profeta en la medida en que haya hecho la experiencia del Dios vivo. Sólo esta experiencia lo hará portador de una Palabra poderosa para transformar la vida personal y social de los hombres de acuerdo con el designio del Padre. (693)

La oración en todas sus formas -y de manera especial la Liturgia de las Horas que le confía la Iglesia- ayudará a mantener esa experiencia de Dios que deberá compartir con sus hermanos. (694)

Como el Obispo y en comunión con él, el presbítero evangeliza, celebra el Santo Sacrificio y sirve a la unidad. (695)

Como Pastor que se empeña en la liberación integral de los pobres y de los oprimidos, obra siempre con criterios evangélicos. Cree en la fuerza del Espíritu para no caer en la tentación de hacerse líder político, dirigente social o funcionario de un poder temporal; esto le impedirá «ser signo y factor de unidad y de fraternidad» (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 8. AAS LXXI, p. 182). (696)

1.4 Orientaciones Pastorales

Obispos

Nos comprometemos a:

  • Cumplir siempre con gozo, intrepidez y humildad el ministerio evangelizador como tarea prioritaria del oficio episcopal en el camino abierto e iluminado por los insignes pastores y misioneros del continente. (701)

  • Asumir la colegialidad episcopal en todas sus dimensiones y consecuencias, a nivel regional y universal. (702)

  • Promover a toda costa la unidad de la Iglesia particular, con discernimiento del Espíritu para no extinguir ni uniformar la riqueza de carismas y dar especial importancia a la promoción de la pastoral orgánica y a la animación de las comunidades. (703)

  • Dar a los consejos presbiterales y pastorales y a otros organismos pastorales la consistencia y funcionalidad requeridas por el crecimiento espiritual y pastoral de los presbíteros. (704)

  • Buscar formas de agrupación de los presbíteros situados en regiones lejanas, a fin de evitar su aislamiento y favorecer una mayor eficacia pastoral. Se recomienda tener en cuenta, en forma especial, a los «Capellanes castrenses» a fin de que, en los lugares donde presten su ministerio sacerdotal, se integren pastoralmente al presbiterio diocesano. (705)

  • Empeñarnos, por exigencia evangélica y de acuerdo con nuestra misión, en promover la justicia y en defender la dignidad y los derechos de la persona humana. (706)

  • En total fidelidad al Evangelio y sin perder de vista nuestro carisma de signo de unidad y pastor, hacer comprender por nuestra vida y actitudes, nuestra preferencia por evangelizar y servir a los pobres. (707)

  • Prestar atención preferencial al Seminario, dada su importancia en la formación de los presbíteros de quienes depende, en gran parte, «la deseada renovación de toda la Iglesia» (OT proemio), darles los mejores sacerdotes adecuadamente capacitados; buscar por todos los medios un mejor conocimiento de los formadores y de los alumnos y un mayor contacto con ellos. (708)

  • Buscar eficazmente la solución a la situación económica difícil de los presbíteros, mediante una remuneración y previsión social adecuadas; acudiendo, si fuera necesario, a iniciativas de carácter supradiocesano, nacional o internacional, en el espíritu de la comunicación cristiana de bienes. (709)

  • Estudiar objetivamente el fenómeno del abandono del ministerio presbiteral con sus causas e incidencias en la vida de la Iglesia, teniendo presente el criterio trazado por el Sínodo de 1971, que pide que desde el punto de vista pastoral sean tratados «equitativa y fraternalmente» y puedan colaborar en el servicio de la Iglesia, aunque «no sean admitidos al ejercicio de actividades sacerdotales» (El Sacerdocio Ministerial, II, 4, d). (710)

Presbíteros

  • Den los presbíteros prioridad en su ministerio al anuncio del Evangelio a todos pero muy especialmente a los más necesitados (obreros, campesinos, indígenas, marginados, grupos afro-americanos), integrando la promoción y defensa de su dignidad humana. (711)

  • Renuévese la vitalidad misionera en lo sacerdotes y fórmeseles en una actitud de generosa disponibilidad, para que pueda darse una respuesta eficaz a la desigual distribución del clero actualmente existente. (712)

  • Den prioridad al trabajo evangelizador en la familia y la juventud y a la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas. (713)

  • Comprométanse en la incorporación del laicado y de las religiosas en la acción pastoral cada vez con más activa participación, dándoles el debido acompañamiento espiritual y doctrinal. (714)

Formación Permanente

La gracia recibida en la ordenación, que ha de reavivarse continuamente, y la misión evangelizadora exigen de los ministros jerárquicos una seria y continua formación, que no puede reducirse a lo intelectual sino que se extenderá a todos los aspectos de su vida. (719)

Objeto de esta formación, que tendrá en cuenta la edad y las condiciones de las personas, ha de ser: capacitar a los ministros jerárquicos para que, de acuerdo con las exigencias de su vocación y misión y la realidad latinoamericana, vivan personal y comunitariamente un continuo proceso que los haga pastoralmente competentes para el ejercicio del ministerio. (720)


3. LAICOS

Los ministerios que pueden conferirse a laicos son aquellos servicios referentes a aspectos realmente importantes de la vida eclesial (v. gr. en el plano de la Palabra, de la Liturgia o de la conducción de la comunidad), ejercidos por laicos con estabilidad y que han sido reconocidos públicamente y confiados por quien tiene la responsabilidad en la Iglesia. (805)

Características sobre los ministerios que pueden recibir los laicos son las siguientes:

  • No clericalizan; quienes los reciben siguen siendo laicos con su misión fundamental de presencia en el mundo; (811)

  • se requiere una vocación o aptitud ratificada por los pastores; (812)

  • se orientan a la vida y al crecimiento de la comunidad eclesial, sin perder de vista el servicio que ésta debe prestar en el mundo; (813)

  • son variados y diversos de acuerdo con los carismas de quienes son llamados y las necesidades de la comunidad; pero esta diversidad debe coordinarse por su relación al ministerio jerárquico. (814)

 


4. PASTORAL VOCACIONAL

4.1 Situación

Algunos datos positivos:

  • Mayor conciencia sobre el problema vocacional y mayor claridad teológica sobre la unidad y diversidad de la vocación cristiana.

  • Se han multiplicado con éxito cursos, encuentros, jornadas, y congresos.

  • Todo ello se ha realizado, la mayoría de las veces, mediante la colaboración entre el clero diocesano, los religiosos, las religiosas y los laicos, en conexión con la pastoral juvenil, los seminarios y las casas de formación.

  • Han sido lugares efectivos de pastoral vocacional, en muchos países, los grupos juveniles-apostólicos y las comunidades eclesiales de base,

  • Existen en muchos países, con fruto visible, el plan nacional y el plan diocesano de pastoral vocacional, según la iniciativa de la Sagrada Congregación para la Educación Católica.

  • Hay en los últimos años un sensible aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada aunque todavía insuficiente para las necesidades propias y el deber misionero con otras Iglesias más necesitadas.

  • En los laicos se nota también, en los últimos años, una mayor toma de conciencia de su vocación específica. (850)

Algunos datos negativos:

  • Acompañamiento insuficiente a los laicos en el descubrimiento y maduración de su propia vocación cristiana.

  • Influjo negativo del «medio» progresivamente secularista, consumista y erotizado.

  • Múltiples fallas de la familia.

  • Marginación grande de las masas.

  • Falta de testimonio por parte de algunos sacerdotes y religiosos.

  • Desinterés e indiferencia de algunos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos por la pastoral vocacional.

  • Desvíos doctrinales.

  • Falta de inserción profunda de la pastoral vocacional en la pastoral familiar y educativa y en la pastoral de conjunto. (851)

4.2 Reflexión y Criterios

Vocación humana, cristiana y cristiana-específica

Dios llama a todos los hombres y a cada hombre a la fe, y por la fe, a ingresar en el pueblo de Dios mediante el bautismo. Esta llamada por el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, a que seamos pueblo suyo, es llamada a la comunión y participación en la misión y vida de la Iglesia y, por lo tanto, en la Evangelización del mundo. (852)

No todos, sin embargo, somos enviados a servir y evangelizar desde la misma función. Unos lo hacen como ministros jerárquicos, otros como laicos y otros desde la vida consagrada. Todos, complementariamente, construimos el Reino de Dios en la tierra. (853)

Todos los cristianos, según el designio Divino, debemos realizarnos como hombres –vocación humana– y como cristianos, viviendo nuestro bautismo en lo que tiene de llamada a la santidad (comunión y cooperación con Dios), a ser miembros activos de la Comunidad y a dar testimonio del Reino (comunión y cooperación con los demás) –vocación cristiana-, y debemos descubrir la vocación concreta (laical, de vida consagrada o ministerial jerárquica) que nos permita hacer nuestra aportación específica a la construcción del Reino –vocación cristiana específica-. De este modo, cumpliremos, plena y orgánicamente, nuestra misión evangelizadora. (854)

Diversidad en la Unidad

El ministerio jerárquico (Obispos, Presbíteros y Diáconos) da unidad y autenticidad a todo el servicio eclesial en la gran tarea evangelizadora. (855)

La Vida Consagrada, en todas sus modalidades, con mención explícita de la Contemplativa, es en sí misma, por la radicalidad de su testimonio, «un medio privilegiado de evangelización eficaz» (EN 69). (856)

El laico con su función especial en el mundo y la sociedad tiene ante sí una ingente tarea evangelizadora en el presente y en el futuro de nuestro continente. (857)

Por otro lado, el Espíritu Santo está suscitando hoy en la Iglesia diversidad de ministerios, ejercidos también por laicos, capaces de rejuvenecer y reforzar el dinamismo evangelizador de la Iglesia. (858)

Respecto de las vocaciones al sacerdocio y a la Vida Consagrada, en concreto, hacemos nuestras las palabras de Juan Pablo II: «En la mayoría de vuestros países, no obstante un esperanzador despertar de vocaciones, es un problema grave y crónico… Las vocaciones laicales tan indispensables, no pueden ser una compensación suficiente. Más aún, una de las pruebas del compromiso del laico es la fecundidad en las vocaciones a la vida consagrada» (Discurso inaugural IV b AAS LXXI, p. 204). A tal problema debe hacer frente, con optimismo y confianza en Dios, la pastoral vocacional en cada Iglesia local. (859)

Dios, Comunidad e Individuo

Situarse ministerial y evangelizadoramente en la Iglesia no es algo que dependa únicamente de la iniciativa personal. Es primordialmente llamada gratuita de Dios, vocación divina, que debe percibirse, a través de un discernimiento, escuchando al Espíritu Santo y situándose ante el Padre por Cristo y frente a la Comunidad concreta e histórica a la que hay que servir. Es también fruto y expresión de la vitalidad y madurez de toda la Comunidad eclesial. (860)

En consecuencia una pastoral vocacional auténtica que quiera ayudar al hombre en tal proceso, deberá centrarse en la llamada inicial, en su maduración subsiguiente y en la perseverancia, comprometiendo en este servicio a toda la comunidad. (861)

La Oración en la Pastoral Vocacional

En el complejo problema vocacional es necesario, en todo momento y a todos los niveles, el recurso ininterrumpido a la oración personal y comunitaria. Es Dios quien llama; es Dios quien da eficacia a la evangelización. El mismo Cristo nos dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Dueño de la mies envíe obreros a su mies» (Lc 10.2). (862)

Pastoral Vocacional encarnada y diferenciada

Porque la pastoral vocacional es una acción evangelizadora y en orden a la evangelización, misión de la Iglesia, debe ser encarnada y diferenciada. Es decir, debe responder desde la fe a los problemas concretos de cada nación y región y reflejar la unidad y variedad de funciones y servicios de ese cuerpo diversificado cuya cabeza es Cristo. (863)

América Latina, empeñada hoy en superar su situación de subdesarrollo e injusticia, tentada de ideologías anticristianas y codiciada por guías extremistas y centros de poder, necesita de personas conscientes de su dignidad y responsabilidad histórica y de cristianos celosos de su identidad que, de acuerdo con su compromiso, sean constructores de un «mundo más justo, humano y habitable, que no se cierra en sí mismo, sino que se abre a Dios» (Juan Pablo II, Homilía Santo Domingo, 3. AAS LXXI, p. 157). Cada uno debe hacer esto desde su puesto y función y todos en comunión y participación. Es el gran reto y servicio de la evangelización presente y futura de nuestro continente y es la gran responsabilidad de nuestra pastoral vocacional. Alabamos ya y respaldamos, sin restricciones, a cuantos trabajan con fe, esperanza y amor en esta línea. (864)

Ubicación de la Pastoral Vocacional y lugares privilegiados

El período juvenil es período privilegiado, aunque no único, para la opción vocacional. Por ello, toda Pastoral Juvenil debe ser al mismo tiempo pastoral vocacional. «Hay que reactivar una intensa acción pastoral que, partiendo de la vocación cristiana en general, de una pastoral juvenil entusiasta, dé a la Iglesia los servidores que necesita». (Juan Pablo II, Discurso Inaugural, IV b AAS LXXI, p. 204). (865)

La Pastoral Vocacional es dimensión también esencial de la Pastoral Familiar y de la Pastoral Educativa y debe ubicarse prioritariamente en la Pastoral de Conjunto. (866)

Son lugares privilegiados de la Pastoral Vocacional la Iglesia particular, la parroquia, las comunidades de base, la familia, los movimientos apostólicos, los grupos y movimientos de juventud, los centros educacionales, la catequesis y las obras de vocaciones. (867)

Debe prestarse igualmente especial atención a aquellos que en edad adulta perciben la llamada del Señor para una vocación cristiana específica. (868)

4.3 Seminarios

En la mayoría de nuestras Iglesias se ve la necesidad de asegurar una sólida formación humano-cristiana y una especial formación religiosa (OT 3) previa al Seminario Mayor. (869)

El Seminario Menor, profundamente renovado, debe tratar de responder a esta necesidad y efectivamente ha sido ya en algunos lugares, una respuesta positiva a tal problemática; en otros sitios son los centros de capacitación para el Seminario Mayor o las iniciativas afines. (870)

Se debe buscar una constante en todos ellos: que los jóvenes no pierdan el contacto con la realidad ni se desarraiguen de su contexto social. Cabe notar que todas estas fórmulas son parte integral de la Pastoral Vocacional Juvenil, por lo cual deben estar muy vinculadas a la familia y llevar al joven a un compromiso pastoral adecuado a su edad. (871)

Finalmente, todo esto debe dar como resultado que el joven adquiera una espiritualidad sólida y haga una opción libre y madura. (872)

El proceso de maduración y formación de la vocación presbiteral encuentra su ambiente más propicio en el Seminario Mayor o Casa de formación, declarado por el Concilio Vaticano II como necesario para la formación sacerdotal. (873)

En relación con los Seminarios, se descubre en América Latina un fuerte espíritu de renovación que representa una esperanza y una respuesta a la problemática de la formación. Se requieren, sin embargo, otras fórmulas que logren la formación de los seminaristas, no a manera de formas paralelas, sino de experiencias realizadas con aprobación de la Conferencia Episcopal para situaciones especiales y de acuerdo con la Santa Sede. (874)

El Seminario Mayor, inserto en la vida de la Iglesia y del mundo, de acuerdo con las normas y orientaciones precisas de la Santa Sede, tiene como objetivo el acompañar el pleno desarrollo de la personalidad, humana, espiritual y pastoral, es decir, integral de los futuros pastores. Éstos con una fuerte experiencia de Dios y una clara visión de la realidad en que se encuentra América Latina, en íntima comunión con su Obispo, Maestro de la verdad y con los otros Presbíteros, han de ser los que evangelicen, animen y coordinen los diferentes carismas del pueblo de Dios para la construcción del Reino. La formación de pastores debe ser preocupación constante que oriente los estudios y la vida espiritual. Las actividades pastorales deben ser revisadas a la luz de la fe y con el adecuado asesoramiento de sus formadores. (875)

El seminarista guiado por una buena dirección espiritual adquirirá la experiencia de Dios viviendo constantemente la comunión con Él en la oración y la Eucaristía y en una devoción sólida y filial a la Virgen María. (876)

En los estudios, es necesario atender a una profunda formación doctrinal, de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia y con una adecuada visión de la realidad. (877)

En los Seminarios, se deberá insistir en la austeridad, la disciplina, la responsabilidad y el espíritu de pobreza, en un clima de auténtica vida comunitaria. Se formará responsablemente a los futuros sacerdotes para el celibato. Todo ello lo exige la renuncia y entrega que se pide al presbítero. (878)

Queremos acentuar el valor de los centros de formación en común para el clero diocesano y religioso de acuerdo con las normas de la Santa Sede por el sentido comunitario que representan y como recurso para la integración en la pastoral de conjunto. (879)

Al lamentar la falta de formadores, es nuestro deber manifestar reconocimiento y dar nuestra voz de aliento a cuantos trabajan en la formación de los futuros sacerdotes. (880)

4.4 Opciones y líneas de acción

Hay que impulsar, coordinar y ayudar la promoción y maduración de todas las vocaciones, especialmente de las sacerdotales y la vida consagrada, dando a esta tarea prioridad efectiva. (881)

Hay que fomentar las campañas de oración a fin de que el pueblo tome conciencia de las necesidades existentes. La vocación es la respuesta de Dios providente a la comunidad orante. (882)

Es necesario acompañar a todos los que sienten la llamada del Señor en el proceso de discernimiento y ayudarles a cultivar las disposiciones básicas para la maduración vocacional. (883).

Toda pastoral vocacional debe estar encarnada en el actual momento histórico de América Latina y debe ser diferenciada, es decir, reflejar y promover la diversidad de vocaciones en la unidad de la misión y del servicio evangelizador. (884)

Hay que dar a la pastoral vocacional el puesto prioritario que tiene en la pastoral de conjunto y más en concreto en la pastoral juvenil y familiar. (885)

Hay que promover con particular empeño las vocaciones entre el campesinado, el mundo obrero y los grupos étnicos marginados y planificar su formación posterior para que sea adecuada. (886)

Al mismo tiempo hay que promover más intensamente las vocaciones presbiterales y de vida consagrada en las ciudades, en medios profesionales, universitarios, etc. (887)

Es necesario llevar a la práctica con fidelidad las normas y orientaciones de la Santa Sede y de las Conferencias Episcopales respecto de los Seminarios. Éstas, con las necesarias adecuaciones, han de ser observadas también por las Comunidades Religiosas en la formación de sus Presbíteros. (888)

Hay que capacitar personal para dedicarlo de tiempo completo a la pastoral vocacional y señalarle que su misión principal es la de animar en este sentido toda la pastoral. (889)

Hay que crear Institutos de perfeccionamiento para formadores de sacerdotes a nivel local y continental y aprovechar los Institutos internacionales de Europa, especialmente los de Roma. (890)

Hay que despertar, promover y orientar vocaciones misioneras pensando ya en Centros o Seminarios especializados con esta finalidad. (891)


Cap. III: MEDIOS PARA LA COMUNIÓN Y LA PARTICIPACIÓN

1. LITURGIA

Sin embargo, comprobamos que no se ha dado todavía a la pastoral litúrgica la prioridad que le corresponde dentro de la pastoral de conjunto, siendo aún más perjudicial a la oposición que se da en algunos sectores, entre Evangelización y Sacramentalización. Falta profundizar la formación litúrgica del clero; se nota una marcada ausencia de catequesis litúrgica destinada a los fieles. (901)

Utilizar los seminarios, los monasterios, las escuelas y otros centros de formación como lugar privilegiado para orar, irradiar vida de oración y formar maestros de ella. (954)

2. TESTIMONIO

2.1 Situación

A través de su historia, la Iglesia en América Latina ha dado testimonio de lo que cree de diversas maneras: su fidelidad al Vicario de Cristo; la mutua ayuda entre las Iglesias particulares; la existencia y los trabajos del Consejo Episcopal latinoamericano son signos de la comunión en que vive.

La Iglesia, a través de innumerables sacerdotes, religiosos, misioneros y laicos, ha estado presente entre los más pobres y necesitados, predicando el Mensaje y realizando la caridad que el Espíritu difunde en ella para la promoción integral del hombre y dando testimonio de que el Evangelio tiene fuerza para elevarlo y dignificarlo.

Sin embargo, no todos los miembros de la Iglesia han sido respetuosos del hombre y de su cultura; muchos han mostrado una fe poco vigorosa para vencer sus egoísmos, su individualismo y su apego a las riquezas, obrando injustamente y lesionando la unidad de la sociedad y de la misma Iglesia.

2.2 Criterios Doctrinales

Cristo, primer evangelizador y testigo fiel (Cfr. Ap. 1,5), evangeliza dando testimonio veraz de lo que ha visto junto al Padre y hace las obras que ve hacer al Padre (Cfr. Jn. 5, 19); sus acciones dan testimonio de que vino del Padre.

Los verdaderos cristianos, unidos a Jesús, dan a su vez este mismo testimonio. Por sus obras, testifican el amor que el Padre tiene a los hombres, el poder salvador con que Jesucristo libera del pecado y el amor que ha sido derramado por el Espíritu que habita en ellos, capaz de crear la verdadera comunión con el Padre y los hermanos.

Las obras de los cristianos guiados por el Espíritu son: amor, comunión, participación, solidaridad, dominio de sí mismo, alegría, esperanza, justicia realizada en la paz (Cfr. Sant. 3, 18), castidad, entrega desinteresada de sí mismo; en una palabra, todo lo que constituye la santidad; ésta va acompañada de frecuencia de sacramentos, oración y devoción intensa a María.

El verdadero testimonio de los cristianos es, por tanto, la manifestación de las obras que Dios realiza en los hombres. El hombre da testimonio, no basado en sus propias fuerzas, sino en la confianza que tiene en el poder de Dios que lo transforma y en la misión que le confiere.

2.3 Criterios pastorales

Siendo el testimonio elemento primero de la evangelización y condición esencial en vista a la eficacia real en la predicación (Cfr. EN 21, 49, 76), es necesario que esté siempre presente en la vida y en la acción evangelizadora de la Iglesia de manera que en el contexto de la vida latinoamericana sea un «signo» que conduzca al deseo de conocer la Buena Nueva y atestigüe la presencia del Señor entre nosotros.

En la situación que viven nuestros pueblos, los frutos del Espíritu que constituyen el núcleo de nuestro testimonio, implican que tanto la Jerarquía como el Laicado y los Religiosos vivamos en una continua autocrítica, a la luz del Evangelio, a nivel personal, grupal y comunitario para despojarnos de toda actitud que no sea evangélica y que desfigure el rostro de Cristo (Cfr. DT 607).

Esta es nuestra primera opción pastoral: la misma comunidad cristiana; sus laicos, sus pastores, sus ministros y sus religiosos deben convertirse cada vez más al Evangelio para poder evangelizar a los demás.

Sobre todo es importante que, en comunidad, revisemos nuestra comunión y participación con los pobres, los humildes, y sencillos. Será, por tanto, necesario escucharlos, acoger lo más profundo de sus aspiraciones, valorizar, discernir, alentar, corregir, dejando que el Señor nos guíe para hacer efectiva la unidad con ellos en un mismo cuerpo y en un mismo espíritu.

Esto nos pide una oración más asidua, meditación más profunda de la Escritura, despojo íntimo y efectivo según el Evangelio de nuestros privilegios, modos de pensar, ideologías, relaciones preferenciales y bienes materiales (Cfr. EN 76); una mayor sencillez de vida; el compromiso en la realización de hechos significativos como el cumplimiento cabal de la «hipoteca social» de la propiedad; la comunicación cristiana de bienes materiales y espirituales; la colaboración en acciones comunitarias de promoción humana y una amplia gama de obras de caridad, cuyo mínimo exigible es la justicia, junto con la mayor libertad ante criterios y poderes pervertidos.

Es importante también que a nivel continental, la Iglesia progrese en la realización de signos testimoniales de su vitalidad interior; entre estos signos están la mayor solidaridad entre las Iglesias particulares y la mejor coordinación pastoral a través del CELAM, que debe seguir sirviendo a la Colegialidad Episcopal y a la comunión intraeclesial en América Latina.

3. CATEQUESIS

No se respetan, a veces, las competencias que corresponden a los teólogos y a los catequistas en sintonía con el Magisterio; por lo cual, se han difundido, entre los catequistas conceptos que pertenecen a hipótesis teológicas o de estudio. (990)

-Impartir una catequesis vocacionalmente orientadora, explicando también la vocación laical, con un compromiso adaptado a las diferentes edades, desde la niñez hasta la edad adulta. (1006)

4. EDUCACIÓN

La universidad debe formar verdaderos líderes, constructores de una nueva sociedad y esto implica, por parte de la Iglesia, dar a conocer el mensaje del Evangelio en este medio y hacerlo eficazmente, respetando la libertad académica, inspirando su función creativa, haciéndose presente en la educación política y social de sus miembros, iluminando la investigación científica. (1054)

De ahí la atención que todos debemos dar al ambiente intelectual y universitario. Se puede decir que se trata de una opción clave y funcional de la evangelización, porque de lo contrario, perdería un lugar decisivo para iluminar los cambios de estructuras. (1055)

Es importante la evangelización del mundo universitario (docentes, investigadores y estudiantes) mediante oportunos contactos y servicios de animación pastoral en instituciones no eclesiales de educación superior. (1057)

De modo especial se debe decir que la universidad católica, vanguardia del mensaje cristiano en el mundo universitario, está llamada a un servicio destacado a la Iglesia y a la sociedad. (1058)

En un mundo pluralista no es fácil sostener su identidad. Cumplirá con su función, en cuanto católica, encontrando «su significado último y profundo en Cristo, en su mensaje salvífico que abarca al hombre en su totalidad». (Juan Pablo II, Alocución Universitarios 2 AAS LXXI, p. 236). En cuanto universidad procurará sobresalir por la seriedad científica, el compromiso con la verdad, la preparación de profesionales competentes para el mundo del trabajo y por la búsqueda de soluciones a los más acusantes problemas de América Latina. (1059)

Su primordial misión educadora será promover una cultura integral capaz de formar personas que sobresalgan por sus profundos conocimientos científicos y humanísticos; por su «testimonio de fe ante el mundo» (GE 10); por su sincera práctica de la moral cristiana y por su compromiso en la creación de una nueva América Latina más justa y fraterna. Contribuirá, así, activa y eficazmente, a la creación y renovación de nuestra cultura transformada con la fuerza evangélica, en que lo nacional, lo humano y lo cristiano logren la mejor armonización. (1060)

Además del diálogo de las diferentes disciplinas entre sí y especialmente con la teología, de la búsqueda de la verdad como trabajo común entre profesores y estudiantes, de la integración y la participación de todos en la vida y que hacer universitario, cada cual según su competencia, debe la misma universidad católica ser ejemplo de cristianismo vivo y operante. En su ámbito todos los miembros de los diversos niveles, -aun aquellos que sin ser católicos aceptan y respetan estos ideales- deben formar una «familia universitaria» (Juan Pablo II, Alocución Universitarios, 3 AAS LXXI, p. 237). (1061)

5. COMUNICACIÓN SOCIAL

La evangelización, anuncio del Reino, es comunicación: por tanto, la comunicación social debe ser tenida en cuenta en todos los aspectos de la transmisión de la Buena Nueva. (1063)

La Comunicación como acto social vital nace con el hombre mismo y ha sido potenciada en la época moderna mediante poderosos recursos tecnológicos. Por consiguiente, la evangelización no puede prescindir, hoy en día, de los medios de comunicación. (1064)

5.1 Situación

Por la diversidad de medios existentes (radio, televisión, cine, prensa, teatro, etc.), que actúan en forma simultánea y masiva, la comunicación social incide en toda la vida del hombre y ejerce sobre él de manera consciente o subliminal, una influencia decisiva. (1066)

No obstante los aspectos positivos señalados, debemos denunciar el control de estos Medios de Comunicación Social y la manipulación ideológica que ejercen los poderes políticos y económicos que se empeñan en mantener el «statu quo» y aun en crear un orden nuevo de dependencia-dominación o, al contrario, en subvertir este orden para crear otro de signo opuesto. La explotación de las pasiones, los sentimientos, la violencia y el sexo, con fines consumistas, constituyen una flagrante violación de los derechos individuales. Igual violación se presenta con la indiscriminación de los mensajes, repetitivos o subliminales, con poco respeto a la persona e igual a la familia. (1069)

Salvo contadas excepciones, no existe todavía en la Iglesia de América Latina una verdadera preocupación para formar al pueblo de Dios en la comunicación social; capacitarlo para tener una actitud crítica ante el bombardeo de los «Mass Media» y para contrarrestar el impacto de sus mensajes alienantes, ideológicos, culturales y publicitarios. Situación que se agrava por el poco uso que se hace de los cursos organizados en esta área, escaso presupuesto asignado a los Medios de Comunicación Social en función evangelizadora y descuido de la atención que se debe a propietarios y técnicos de dichos Medios. (1077)

5.2 Opciones

Criterios

  1. Integrar la comunicación en la pastoral de conjunto. (1080)

  2. Dentro de las tareas para realizar en este campo, dar prioridad a la formación en la comunicación social, tanto del público en general como de los agentes de pastoral a todos los niveles. (1081)

  3. Cada Iglesia particular dentro de las normas litúrgicas, disponga la forma más adecuada para introducir en la liturgia que es en sí misma comunicación, los recursos de fondo e imagen, los símbolos y formas de expresión más aptos para representar la relación con Dios, de forma que se facilite una mayor y más adecuada participación en los actos litúrgicos. (1086)

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