La pastoral de la movilidad humana en la formación de los futuros sacerdotes

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Congregación para la Educación Católica
25 de enero de 1986

A todos los Exmos. Revmos. Ordinarios Diocesanos
y a los Rectores de sus Seminarios.

El fenómeno de la movilidad humana, voluntario o forzado, su incidencia en las costumbres sociales y en la misma sensibilidad de las personas afectadas, es de tal naturaleza que exigen la atención y la necesidad de saber evaluar sus múltiples consecuencias; sobre todo de definir adecuadas orientaciones para obtener los esperados beneficios e impedir posibles efectos negativos que la pasividad, la indiferencia o la ignorancia podrían provocar.

El fenómeno es actualmente tan vasto, complejo e importante que constituye una característica de nuestro tiempo y exige a los estudiosos, sociólogos, educadores y responsables de la cosa pública una más clara lectura del mismo y una ordenada participación y colaboración.

La Iglesia ha tenido siempre en cuenta estas vicisitudes y estos traslados de personas y los ha acompañado con su maternal presencia; ellos no son sólo de hoy sino que han incidido siempre en la historia de la humanidad. Parece ser ya hora que también «nuestro» mundo de la cultura, especialmente los Ateneos y los Seminarios, no sólo les reserven un mayor espacio de información, sino sobre todo se preocupen de asegurar una mejor preparación de todos los sacerdotes, diocesanos y religiosos, de las religiosas y de cuantos en general se disponen a trabajar en este campo. Por lo demás, algunas Universidades han sentido ya la necesidad de emprender la enseñanza de esta disciplina(1).

Por tanto, al llamar la atención sobre un hecho de todos conocido y al tomar la iniciativa de sensibilizar nuestros estudios en estos movimientos de personas -y a veces de grandes porciones de pueblo- indicamos algunos datos, no para analizar y elaborar los diversos elementos, sino para una mayor toma de conciencia y para motivar oportunas conclusiones y responsables decisiones.

Los sectores emergentes -y sólo en parte controlados- de la movilidad humana, registran estas cifras, naturalmente susceptibles de variaciones: aproximadamente 50 millones de emigrados; 20 millones de refugiados, sin calcular los irregulares y los clandestinos; 8 millones de marineros; 15 millones de nómadas; varios cientos de millones de aeronavegantes (sólo en USA, 250 millones); aproximadamente 300 millones de turistas internacionales; 30 millones de peregrinos.

En este problema -diverso según que se trate de emigrantes, refugiados, marineros, nómadas o aeronavegantes- afloran: cambios de cultura y de espiritualidad; traumas psíquicos, especialmente para los refugiados; disgregación familiar; derrumbe de los ideales particularmente en los prófugos; el contacto y la confrontación con otras religiones; las dificultades de lengua, de cultura, de ambiente; la promiscuidad en los campos de acogida, la catequesis de los jóvenes, la escasez de libros religiosos en la propia lengua; las tradiciones religiosas en los grupos étnicos; los matrimonios mixtos; la falta de lugares sagrados, de liturgias adaptadas; etc.

La incidencia pastoral de la movilidad humana es tal que no puede quedar desatendida en la formación de los futuros sacerdotes. Es necesario hacer todo lo posible para que las invitaciones al respecto y las orientaciones de los Sumos Pontífices y de la Santa Sede sean cuanto antes fielmente aplicadas en favor de cualquiera Iglesia o Comunidad eclesial, de cualquier rito y religión.

Las actuales normas educativas, como están contenidas en el nuevo Código de Derecho Canónico y en la «Ratio Fundamentalis», ofrecen óptimas posibilidades y perspectivas.

1. En la «Ratio Fundamentalis» se ofrecen útiles indicaciones generales para una preparación pastoral, tanto genérica como especializada, para varias tareas particulares: cfr. Cap. XIII, sobre los estudios en vista de tareas particulares; además, los Nos. 64 (adaptación a las culturas), 67 (aprendizaje de lenguas), 95 (preparación para las varias formas de apostolado), 96 (espíritu católico). Las Conferencias Episcopales las aplicarán teniendo en cuenta las situaciones específicas de la propia región y las necesidades más urgentes.

Desde el momento que la movilidad humana es un fenómeno muy diversificado, que incluye aspectos diversos, según la diversidad de las regiones, dependerá del juicio de las autoridades locales decidir acerca del tipo de formación que a este respecto deba ser impartida a sus seminarios o sacerdotes.

A los sacerdotes encargados de la promoción y de la coordinación de la pastoral de la movilidad en el plano nacional o regional será necesaria una preparación especializada de tipo académico. Obviamente esta formación no interesará tanto a los seminaristas en época de formación, cuanto más bien a sacerdotes ya formados con alguna experiencia pastoral. Para tal tipo de formación podrán ser de gran utilidad los «centros de estudios interdisciplinares» o «instituciones complementarias destinadas a seguir tales fenómenos…» contempladas en la Carta «Iglesia y movilidad humana» (Pont. Comisión para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo, 26 de mayo de 1978; A.A.S. 70 (1978), p. 357ss.), o también cátedras especiales en las facultades teológicas y en los institutos pastorales.

2. En lo concerniente a la preparación más general en los Seminarios, es posible una especialización inicial por grupos de seminaristas particularmente aptos o interesados, como está previsto en el No. 83 A del ya citado Cap. XIII de la «Ratio Fundamentalis». Será de viva actualidad sobre todo en las Diócesis más marcadas por el fenómeno migratorio (turismo, obreros extranjeros, inmigrantes, campos de prófugos). Ella podría estar estructurada en una de las maneras previstas en el No. 84 de la «Ratio Fundamentalis».

3. Pero también en las Diócesis donde no se hace necesaria una especialización inicial de los seminaristas deberán entrar siempre más los problemas de la movilidad en los planes de la enseñanza teológica y, sobre todo, de la Teología pastoral.

Sin hablar, en el caso específico de la movilidad humana, de una verdadera y propia dimensión teológica, se deberá, sin embargo, insistir en la inspiración pastoral de toda la formación en el sentido del No. 4 del decreto «Optatam totius» o del No. 9 de la «Ratio Fundamentalis». En lugar de proyectar la creación de un curso especial o de una disciplina auxiliar, se debería recomendar vivamente una coordinación y una mayor sensibilización de las varias disciplinas teológicas más directamente interesadas en el fenómeno migratorio, conforme a las prescripciones de la «Ratio Fundamentalis». «Ha de tenderse, más que a multiplicar las asignaturas, a introducir, con método apropiado, nuevas cuestiones o nuevas orientaciones en las ya programadas» (No. 80). «Como ya se ha dicho (cf. No. 80), no se introduzcan tan fácilmente asignaturas nuevas sino, más bien, procúrese introducir en lugar oportuno temas nuevos entre las asignaturas que habitualmente se explican». (No. 90). Aquí se presenta evidentemente una importante tarea para el Prefecto de Estudios, el cual deberá estar a la altura de su misión desde el punto de vista tanto científico como organizativo.

4. La movilidad humana deberá constituir, además, un capítulo actualizado y debidamente estructurado de la enseñanza de la teología pastoral, prescrita en el No. 79 de la «Ratio Fundamentalis» para todos los Seminarios. El tratado de este tema está recomendado en el No. 95 de la «Ratio Fundamentalis», donde se habla de la necesidad de «ayudar a todos los hombres según las circunstancias de cada lugar y ambiente», con referencia a los documentos existentes sobre la emigración, Huelga hacer notar que un profesor de teología pastoral atento a tales problemas podría y deberá sensibilizar respecto a este punto también a los profesores de otras disciplinas que tengan relación con el fenómeno de la movilidad humana, para impartir a los futuros sacerdotes absoluto respeto por la dignidad de la persona humana y de todo hombre. En las lecciones sobre este tema deberá reservarse un lugar privilegiado a la ilustración de los documentos oficiales de la Santa Sede, del Concilio, de las Conferencias Episcopales y de los Obispos. En cuanto a los primeros, parece oportuno recordar, aquí los principales: la Constitución Apostólica «Exsul Familia» de Pío XII (1952), el Decreto Conciliar «Christus Dominus» (1965), el Motu Proprio «Ecclesiae Sanctae» (1966), el Directorio para la Pastoral del Turismo «peregrinans in Terra» (1969), el Motu Proprio «Pastoralis Migratorum Cura» y la relativa Instrucción «De Pastorali Migratorum Cura» (1969), las nuevas Normas para el Apostolado del Mar (1977), la Carta a las Conferencias Episcopales «Iglesia y Movilidad Humana» (1978), el Decreto «Pro Materna» (1982), el nuevo Código de Derecho Canónico (1983). También las frecuentes y apremiantes llamadas del Santo Padre Juan Pablo II (cfr. «On the move» No. 40) y el Enchiridion «Chiesa e Mobilità Umana -Documenti della Santa Sede dal 1883 al 1983».

5. En la formación sacerdotal será necesario tener en cuenta los obstáculos psicológicos que esporádicamente se oponen al deseado desarrollo de la pastoral de la movilidad humana, como son, por ejemplo, «las infiltraciones de tipo nacionalista» (cfr. la mencionada Carta sobre la movilidad humana del 26 de mayo de 1978). A este respecto, cobra grande importancia formativa el No. 96 de la «Ratio Fundamentalis» (reiterado en el Can. 256 del nuevo Código de Derecho Canónico). En él se recomienda que «se llenen los alumnos de un espíritu universal que las capacite para superar las fronteras de la propia diócesis, nación o rito, y estén dispuestos a ayudar a los demás con corazón magnánimo». A este fin hágaseles tomar conciencia de las necesidades de la Iglesia universal, como son los problemas académicos que en la movilidad humana encuentran un amplio campo de acción benéfica, los problemas misioneros y otros problemas urgentes en diversas partes del mundo. Los alumnos han de ser preparados también con especial cuidado para instaurar un diálogo con los no-creyentes.

Esta preparación debe fundarse sobre la revelación profética de la hospitalidad: sobre el anuncio evangélico de la solidaridad cristiana, sobre el fundamento teológico de los derechos humanos y sobre la convicción absoluta de la dignidad de la persona humana.

Es evidente que una formación así motivada es el mejor presupuesto para que las varias disposiciones de la Iglesia en favor de los inmigrantes de cualquier religión, cultura y condición social, puedan ser ejecutadas oportunamente con verdadero espíritu sacerdotal.

Que nos sirvan de estímulo y de guía las palabras que a este propósito ha dirigido el Santo Padre repetidas veces al mundo católico, recordándonos que «la pastoral de los emigrantes no es sólo la obra de misioneros individuales, sino que es la obra de toda la Iglesia local, sacerdotes, religiosas y laicos» (15 de mayo de 1979) y es de tal importancia que debe ser objeto de «un esfuerzo constante de estudio y de profundización bajo el aspecto teológico, pastoral y organizativo» (8 de enero de 1982).

Con estos fervientes votos, la Congregación para la Educación Católica se honra en transmitir a los Revdos. Rectores de los institutos de formación sacerdotal el presente documento que, preparado en colaboración con la Pontificia Comisión para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo, no dejará de estimular la caridad pastoral de los candidatos al sacerdocio, ayudándolos a adquirir, bajo la guía competente de los educadores, aquellas aptitudes pastorales que se requieren para una fecunda actividad en este importante campo de apostolado.

Aprovecho con gusto la ocasión para expresarle mis sentimientos de profunda estima e, implorando abundancia de bendiciones celestiales sobre ese Instituto, me confirmo.

Suyo devmo. en el Señor Jesús

(Fdo.) Wiliiam Card, Baum


 

ANEXO

1. Estas normas generales no pretenden responder a los casos particulares, que por motivos de ambiente o de grupos étnicos o la tradición, etc., provocan situaciones diversificadas, para los cuales las Conferencias Episcopales interesadas podrán siempre dar las oportunas orientaciones y aclaraciones.

2. Algunas regiones pueden presentar notables, si no exclusivos, aspectos de la movilidad humana. Por ejemplo, la faja costera o las zonas montañosas que son meta constante de los turistas. Naturalmente los programas de estudio de aquellos seminaristas deberán tener bien en cuenta estas situaciones y las relativas indicaciones de los Obispos. No se trata de enriquecerse culturalmente de nociones genéricas o abstractas, sino de prepararse a afrontar pastoralmente esos problemas.

3. Las Universidades y los Seminarios, dentro de su opción libre por el planteamiento programático y metodológico, ofrecerán conocimientos de los temas fundamentales, tales como las diversas formas migratorias (definitivas o estacionales, internacionales o internas), las causas de los movimientos, las consecuencias, las grandes líneas de una acción pastoral adecuada, el estudio de los Documentos Pontificios y de las Iglesias particulares.

4. Los «Quaderni Universitari» de la Pontificia Comisión, junto con su Revista «On the Move», además de las reciente publicaciones de los Documentos Magisteriales sobre el tema, podrán constituir, al menos, inicialmente, valiosos subsidios para la enseñanza de la temática de las migraciones.

5. La Pontificia Comisión para la Pastoral de las Migraciones y del Turismo está disponible para ofrecer indicaciones al respecto; podrán obtenerse a través de las diversas Conferencias Episcopales, o bien por iniciativas culturales o por intercambio de experiencias. Ella ha reunido ya una vasta biblioteca, con amplia y actualizada documentación internacional sobre todos los problemas de la emigración y de los otros fenómenos de la movilidad humana. La misma Comisión podrá ofrecer listas de volúmenes y de Centros de Estudios, de capillas de aeropuertos, de puertos marítimos, de organizaciones internacionales, de asociaciones ecuménicas, de santuarios, etc.

6. Es necesario además favorecer una adecuada profundización de los principios del ecumenismo y de las normas para el diálogo. En estas situaciones es indispensable vigilar para prevenir eventuales acciones deproselitismo de parte de grupos religiosos, cristianos o no, en el ambiente de inmigrantes y trabajadores, que es a menudo blanco de tales actividades

7. En lo que respecta a los Ritos Orientales, será conveniente tener presente el Decreto Conciliar «De Ecclesiis Orientalibus Catholicis» que contiene, entre otras cosas, normas pastorales a propósito de este punto, conscientes de que las peculiares tradiciones de dichas Iglesias ocupan un lugar primario en el fenómeno migratorio.

8. Algunos acontecimientos excepcionales, como los Juegos Olímpicos, que facilitan encuentros internacionales, como también ciertas formas o metas del turismo, no pueden ser subestimados por su incidencia en la cultura y en las costumbres, o minimizados como vehículos de la fe. Se recuerda a propósito cuanto ha dicho el Santo Padre: «Formulo votos para que algunas Universidades Católicas se preocupen -antes que sea demasiado tarde- de dar adecuada formación a todos los que desean dedicarse a tiempo pleno o temporalmente a la Pastoral del Turismo» (10.XI.1979).

9. El fenómeno de las Peregrinaciones está en rápido desarrollo, no obstante la impresión contraria que se podría tener en un mundo siempre más materialista. Algunas naciones prestan particular atención a estas formas de devoción popular que tienen no raramente, verdaderas y propias características culturales. Turistas y peregrinos de determinadas naciones parten a miles hacia lugares lejanos con la asistencia de capellanes. A veces eligen incluso localidades en que la Iglesia no goza de plena libertad religiosa. Puesto que hoy la Santa Misa y las demás ceremonias religiosas son celebradas en la lengua del lugar, estos turistas y peregrinos se sienten extraños en la Iglesia, mucho más de cuanto se habrían sentido cuando la lengua litúrgica era solamente el latín. Una preparación adecuada es absolutamente indispensable.

10. Dado que el Motu Proprio «Ecclesiae Sanctae», No. 1, 9 sugiere a las Conferencias Episcopales crear delegados o Comisiones para las migraciones, es posible que las universidades y los seminarios brinden un servicio apreciable difundiendo sus propios programas de pastoral migratoria entre cuantos trabajan en estos sectores, especialmente a los delegados y a las Comisiones para las migraciones.

Notas:

1.- La Congregación para la Educación Católica no se dirige con la presente Circular directamente a las Facultades de Teología y a las Universidades Católicas; pero vale obviamente también para ellas cuanto por el contexto se les pueda aplicar. 

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