Nuevos desafíos al fin del milenio – Lic. Fr. Luis Scozzina ofm (1999)

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BOLETIN OSAR
Año 5 – N° 11

 

Nuevos desafíos al fin del milenio
Repensando las Líneas Pastorales
V Encuentro de Teología Pastoral

Lic. Fr. Luis Scozzina ofm
Instituto Teológico Franciscano
San Antonio de Padua, Bs.As.

 

1. Los desafíos en Líneas Pastorales: el secularismo y la urgente necesidad de una «justicia demasiado largamente esperada» (Cap. I, LPNE)

Según Líneas Pastorales el secularismo incide en la negación de la trascendencia, en el sentido de la vida, que impiden la realización plena del hombre según la cosmovisión cristiana. Además, incide en la comprensión del patrimonio cultural y, por lo tanto, en la identidad cultural del ser argentino. En definitiva afecta el sentido personal y comunitario porque lo despoja del fundamento último de su ser ético.

«El segundo desafío, se refiere directamente a la convivencia responsable de los hombres entre sí, y se concentra en la urgente necesidad de una «justicia demasiado largamente esperada»

La justicia como derecho fundamental de las personas y comunidades es conculcada en una de las formas «más clamorosas es el problema de la pobreza», vista ésta como expresión de la «pérdida del sentido de justicia y del respeto hacia los demás».

2. Cambio de época: nuevo paradigma cultural

Una relectura de éstos desafíos implica necesariamente leerlos a la luz del nuevo paradigma cultural que involucra de un modo nuevo la experiencia cotidiana del creyente y, por lo tanto, de toda la acción evangelizadora.

El mundo actual se caracteriza cada vez más por la «diferenciación». Vivimos en un mundo pluralista y pluricéntrico. Crece la tendencia a formar pequeños mundos, autónomos y autoreferenciales, sin vínculos obligatorios con la religión y con la ética.

Aunque algunos «sistemas» se mundializan cada vez más –por ejemplo, el sistema de mercado– se advierte; no obstante, un proceso expansivo del pluralismo cultural. Asistimos a la fragmentación del universo cultural en una multitud de espacios vitales que algunos denominan, «nuevas tribus». Estamos ante una realidad diferenciada, multiforme y dotada de reglas propias. Los conocimientos son relativizados, refiriéndolos a los distintos campos específicos. Este camino lleva a relativizar también la religión.

Por otra parte, la pretensión de integrar a todos los hombres en un sistema mundializado desemboca en la paradoja de la exclusión de los pobres. Los hechos dan un rotundo mentís a la proclamada y deseada integración de todos, revelando la existencia de una feroz competición y agresividad que determinan la exclusión y el sacrificio de quienes no llegan a insertarse en su lógica. La exclusión de los pobres como muchas otras marginaciones terminan por ser incorporadas al sistema como su lógica y su razón de ser.

Este cambio de paradigma afecta la religiosidad de nuestro pueblo, es decir, lo esencial de la cultura de un pueblo que según nos recuerda el documento de Puebla «está constituido por la actitud con que un pueblo afirma o niega una vinculación religiosa con Dios» (DP 389). Este proceso está exigiendo un nuevo discernimiento de los valores y desvalores religiosos que se generan en dicha transformación.

3. La problemática de la secularización: explosión religiosa

El proceso de secularización, que va propagándose por el mundo, procura que el hombre actual se libere de lo que, hasta ahora, ha regulado la vida humana como las religiones, las tradiciones, los ritos, etc. Esto ha generado, a su vez, una explosión de lo religioso con una mezcla de elementos cristianos, neopaganos, orientales y esotéricos.

Siguiendo en el análisis a Galli, podemos decir que, «la religiosidad irracional de las sectas es la otra cara del racionalismo irreligioso del secularismo, que pretendió marginar a la religión de la vida social… Por la dialéctica de la ilustración, la modernidad incrédula generó su propio contrario en el fanatismo sectario y hoy se asiste al sincretismo entre la intelligentsia cínica y la credulidad mágica»1.

Estamos asistiendo a fines del milenio, a un nuevo resurgir de lo religioso, a nuevas búsquedas de espiritualidades que satisfagan el hambre y la sed de Dios.

4. Nueva espiritualidad: seguir a Cristo pobre en el rostro de los pobres

El desafío de la nueva evangelización estará en saber ofrecer una espiritualidad atractiva y sólida que responda a las inquietudes más profundas, que alimentando la sed interior de la humanidad, la movilice al mismo tiempo a una lucha decidida en favor de los postergados y cultive y promueva los valores de la solidaridad, de la justicia y de la comunión2.

Para ello sugiero algunos elementos característicos de dicha espiritualidad:

  • Vivir la conversión como un volvernos a los rostros sufrientes de Cristo en la historia. Mirada que nos libera, nos purifica y nos abre a compartir sus vidas y destino3.

  • De ahí la importancia de la inculturación, cuyo eje central es la alteridad. Dejarnos interpelar por el «otro», en cuanto persona. Ello nos exige respetar al otro en su identidad y en sus diferencias respecto de nosotros, nos impele a compartir la condición del otro en los pobres.

  • Siguiendo a Jesús, pobre, humilde y huésped adoptamos la vida y condición de los pequeños de la sociedad, morando siempre entre ellos como menores4. Se trata, ciertamente, de compartir su vida, de ser buen samaritano. En palabras de Jon Sobrino podríamos hablar de una experiencia cristiana que vive en la «ortopatía».

  • La opción por el seguimiento del Cristo pobre y crucificado nos convoca a encontrarlo a través y en los pobres, viviendo en solidaridad con ellos, siendo como ellos pequeños y humildes, sin poder, «menores»… así seremos evangelizados por ellos.

  • La actitud fundamental será la escucha, la acogida, el diálogo que permitirá entrar en sintonía con el designio de Dios. La contemplación llevará a la compasión, en palabras de Juan Pablo II podemos afirmar «con plena convicción en el corazón: no hay renovación, tampoco social, que no parta de la contemplación» .

  • Esta actitud de escucha debe caracterizar nuestra relación con las culturas, con los diversos sectores sociales y, así con nuestra vida atestiguaremos que «el diálogo es el nuevo nombre de la caridad».

5. Algunos desafíos urgentes

  • Ante la situación de «fragmentación» social y cultural asumir la «diversidad reconciliada» en el anuncio del «hombre nuevo», de la humanidad nueva.

  • Ante la creciente marginalidad generada por la «lógica de la exclusión» , ofrecer la propuesta inclusiva del Evangelio, asumiendo la actitud de una Iglesia samaritana.

  • Asumiendo las consecuencias del secularismo abrirse a un diálogo con los sectores afectados por la increencia que se manifiestan en el agnosticismo militante y en el indiferentismo.

  • Asumiendo las consecuencias de la pobreza y la marginalidad con una actitud compasiva hacia los sectores expuestos a la delincuencia y ciertas formas de nihilismo juvenil.

  • Respecto a la realidad intraeclesial, recuperar la acogida cordial en comunidades eclesiales abiertas y dispuestas a construir espacios de fraternidad y solidaridad. Y por otro lado, una conversión de las estructuras y de las formas orgánicas de vivir la comunión y la participación.

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Notas:

1.- C. Galli, Religión y razón al fin de la modernidad en Revista Criterio 2175 (1996) 226 regresar

2.- Cf. V. Fernández, El misterio del pobre en la economía globalizada en Nuestro Padre misericordioso, Paulinas-Facultad de Teología, 1999, 143-174 regresar

3.- Cf. San Francisco de Asís en Testamento 1-3 regresar

4.- Cf. San Francisco de Asís en Regla no bulada 9,2 regresar