La espiritualidad sacerdotal en la vida y en los escritos del Cura Brochero – Pbro. Carlos O. Ponza (2000)

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BOLETIN OSAR
Año 6 – N° 13

 

II Encuentro Nacional de Seminaristas
«Yo estoy siempre con ustedes hasta el fin de los tiempos»

La espiritualidad sacerdotal
en la vida y en los escritos
del Cura Brochero

Pbro. Carlos O. Ponza

Quisiera comentarles, en primer lugar, que hasta el momento en que se me pidió que colaborara en la Causa de Beatificación del Cura Brochero mi conocimiento acerca de su vida y de su persona era muy global y superficial. Sólo sabía que había sido «el Cura gaucho» con un sin fin de aventuras y anécdotas, mezcladas de cuentos y chistes que me daban la imagen de un sacerdote más bien «chabacano». Cuando empecé a leer y a estudiar, no lo que se decía de él, sino sus escritos (cartas, sermones, artículos periodísticos suyos) me di cuenta de que estaba frente a un Santo, un hombre que había configurado su vida enteramente al ideal del Cristo Pastor Bueno. Y así fue surgiendo este trabajo cuya finalidad es tratar de descubrir, siguiendo su vida, lo que podríamos denominar la «mística» del presbítero diocesano.

Y aquí comienza una primera aclaración, cuando hablamos de «mística» normalmente lo asociamos a un estilo de vida mística como la que hallamos en San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús. Sin embargo en la Iglesia hay otros estilos y experiencias o caminos de vida mística. Brochero es un claro ejemplo de lo que se denomina la «mística apostólica», vale decir, aquella unión con Dios centrada en la acción evangelizadora, nucleada en la clara y permanente conciencia de ser instrumento de la acción redentora de Jesús (al modo como podemos hallarlo en los grandes Santos apostólicos como San Francisco Javier, San Juan María Vianney, San Vicente de Paúl o el Beato Alberto Hurtado). En los escritos del Siervo de Dios Brochero descubrirnos a cada paso y con mucha fuerza la experiencia espiritual de un presbítero diocesano: el lugar primordial de la Eucaristía, la vinculación a su Diócesis, la unión con su Obispo y el presbiterio, la caridad pastoral desplegada en el ministerio de la Palabra, en la santificación por la celebración de los Sacramentos y en el pastoreo de su comunidad. Brochero es siempre y en primer lugar un apóstol de Cristo, por eso tomaremos expresiones del Apóstol Pablo que nos irán guiando para señalar algunas características del corazón sacerdotal de José Gabriel del Rosario Brochero.

«Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo?
Simples servidores… Yo planté y Apolo regó,
pero el que ha hecho crecer es Dios» (1 Cor. 3, 5-6)

Algo que impacta fuertemente en sus escritos es la clara conciencia de su misión de párroco, vale decir: todo su ser está orientado hacia un «proyecto espiritual unificador»: ser apóstol y para ello, él se considera siempre instrumento de Cristo, «como el mortero y la mano sirven para hacer la mazamorra».

Las personas que lo trataron, ya fueran cristianos practicantes o alejados de la fe, no podían sino ver en el SD sino un instrumento de Dios, sobro todo por la caridad operante que desplegaba a través de sus gestos y palabras. Veamos la imagen que nos presenta un periodista cordobés contemporáneo suyo:

«Es un hombre de carne y huesos: usa sotana, esclavina, traje de clérigo, etc. y dice misa, confiesa, ayuda a bien morir, bautiza, consagra la unión matrimonial, etc. […] Es una excepción: practica el Evangelio. Desde luego, es pobre, habiendo servido un curato rico durante más de un cuarto de siglo (Ya es una recomendación!. Es realmente un pastor, según la palabra y la intención de Jesús: su grey es su rebaño […] Y es muy sana la conciencia del cura Brochero! es muy digna de respeto! es un apóstol! […] Falta un albañil en su curato para hacer una obra pública, ya sea para la Iglesia o para beneficio del pueblo! Pues él es albañil y trabaja con sus propias manos a la par del más esforzado y compitiendo con el más diestro! Falta un carpintero! Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus feligreses, sobre los cuales tiene un dominio absoluto y a quienes da ejemplo y estimula con su esfuerzo personal. )Falta todo? (Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres, y todo sale bien hecho porque es hecho en conciencia. Era mi candidato para el 1er obispado vacante (oh! quien nos diera obispos como el cura Brochero!) y al Presidente de la República también le gusta mucho; pero es imposible luchar contra la modestia de este hombre que ha hecho de ‘su curato’ su mundo. ¡No hay que tocarlo de ahí!. ¡No quiere! Y no ha hecho solamente caminos públicos. Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un gran colegio… (y todo sin subsidio de la Provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! Lo ha hecho todo con sus propias garras!. ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado a lo serio, como lo ha tomado el cura Brochero. Llama la campana de la aldea. Doscientos o trescientos o más paisanos concurren todos son hombres de trabajo. El sacerdote (Brochero) dice su misa y sube al púlpito. Perora, aconseja y edifica las almas. Les habla de honradez y entra de lleno en el terreno de la realidad. Les habla de progresos materiales, que corren paralelamente con los perfeccionamientos morales y acaba por echarles un ojo (si es necesario no me consta) para invitarlos a todos los oyentes a tomar una pala, una azada, un pico o una carretilla y realizar con él, en el espacio de un mes, una gran obra para la localidad. ¡Y el paisanaje, que lo quiere a su cura porque admira sus virtudes, lo sigue con entusiasmo y la cosa se hace sin dificultad! Tal es el hombre, el verdadero sacerdote, el tipo del cura de aldea […]»2

«Por El he sacrificado todas las cosas a las que considero como desperdicio
con tal de ganar a Cristo y estar unido a El» (Fil. 3, 8)

Su conciencia de instrumento lo llevó a buscar la íntima unión con Cristo sin el cual nada puede hacer el sacerdote. El SD cultivó siempre un profundo y vivo amor a la Palabra de Dios, haciendo de ella el Alimento esencial de su vida creyente. Brochero tuvo una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios, conocía a fondo las Escrituras hasta el punto de retener firmemente en su memoria los textos sagrados:

«Difícilmente otro sacerdote conociera tan bien el Santo Evangelio, como el Siervo de Dios. En casa del Dr. Galíndez los dos únicos libros que tenía sobre la mesa eran el Santo Evangelio y la Imitación de Cristo (…) Recuerda el testimonio de un Padre Misionero que decía que el Siervo de Dios conocía de memoria los Evangelios y algunas cartas de San Pablo.»3

Esta memoria de la Palabra del Señor nutría su corazón creyente y lo llevaba al diálogo ininterrumpido con Dios:

«Por lo que yo pude observar, durante las noches rezaba continuamente, incluso me despertaba para hacerme participar de sus reflexiones y pensamientos piadosos, comúnmente referentes al Evangelio (…) Leía frecuentemente el Evangelio, sobre todo lo que hacía referente a su predicación (…) Durmiendo en la misma habitación, separado por un biombo, me despertaba para leerme algún pasaje y hacerme el correspondiente comentario»4

La fuerza transformadora de la Palabra del Señor le ayudó a descubrir y aceptar vitalmente, en todas las cosas, la Voluntad de Dios:

» […] la gente se lamentaba de su mal [la lepra] y él dijo que estaba mejor para meditar piadosamente en las cosas de nuestro Señor. En esa oportunidad dijo: qué cosa maravillosa habría sido oír de labios de nuestro Señor el Sermón de la Montaña que nosotros después de haberlo recibido de segunda o tercera mano nos llega tanto que los mismos Apóstoles fueron tranquilamente a la muerte después de haber oído el Sermón de la Montaña y que no tenían otra felicidad.»5

Movido por su amor a la Palabra de Dios procuró – cuando ya estaba leproso y ciego- que todos los días alguien le leyera el Santo Evangelio a fin de que no le faltara el alimento del Pan de la Palabra capaz de darle la luz necesaria para sostener su vida creyente en la noche del dolor:

«A partir de 1912, siendo yo religiosa lo traté con más asiduidad hasta su muerte: le leía el Evangelio y escuchaba comentarios que él hacía a propósito de la lectura, y daba la impresión de que lo vivía, la lectura era motivada por la homilía del domingo siguiente (…) Preparaba asiduamente la predicación de cada domingo, incluso cuando estaba ciego se hacía leer el S. Evangelio con alguna hermana, muchas veces yo misma le leía. Cuando terminaba la lectura, me agradecía diciéndome: ‘Muchas gracias, hermana Lucía, ya tengo pasto para rumiar todo el día’ «6.

Este contacto habitual a lo largo de toda su vida con la Sagrada Escritura, configuró su estilo sacerdotal: evangelizaba a partir de la presentación de los hechos y las palabras del Señor mediante las homilías. En el contexto eclesial del siglo XIX, era algo notable encontrar un sacerdote que predicase diariamente o siempre que tuviese fieles delante suyo. De aquí que sea remarcable cómo el SD era asiduo en el ministerio de la predicación del Evangelio sin limitarse a ejercer este servicio sólo en los días festivos7. Además, abundan los testimonios que aseveran su preocupación por la preparación habitual de sus homilías8.

Un rasgo típico de su misión sacerdotal fue la presentación del Evangelio mediante un lenguaje vívido y cercano a la comprensión de sus fieles. Su preocupación estuvo en iluminar la vida de sus fieles a partir de la exposición del Mensaje de la Palabra no sólo de forma general y abstracta sino aplicando a la circunstancias concretas de la vida la verdad perenne del Evangelio. Uno de sus amigos y admiradores (Ramón J. Cárcano, incluso no siendo católico practicante) escribió acerca de su modo de predicar:

«Una de las cosas que más ha influido en el ascendiente de Brochero sobre la población de la campaña, es su manera de platicar, según su propia frase. Ha inventado un género de oratoria sagrada la más original que pudiera imaginarse, pero perfectamente discreta y eficaz en un Cura de distritos rurales que para hacerse comprender se amolda al carácter, a la índole, y a la capacidad de la gente que lo escucha […] En su estilo agreste, lleno de asperezas como de los encantos de la naturaleza virgen, con diáfana claridad y sencillez, explica las prácticas de la iglesia y los misterios de la religión, enseña, aconseja, apostrofa y ruega – desde el púlpito o desde el altar, interroga, conversa, entabla largos diálogos con sus oyentes, que piensan que ningún hombre habla mejor que el Cura, quizá porque han tenido muchos Curas cuyo lenguaje no entendían»9.

El deseo de que la gente entendiera claramente el Mensaje del Evangelio lo llevó a utilizar – tanto en sus homilías como en sus cartas y artículos periodísticos- un lenguaje sumamente dúctil, en el que abundan las imágenes tomadas muchas veces del mundo campestre, como así también alegorías y fábulas10. En varias oportunidades, el mismo SD, se autodescribe como alguien que, poseedor de una «agreste personalidad»11, explica las cosas «a lo criollo»12 y por ello habla siempre con la franqueza «serrana» que lo caracteriza. El SD utilizó mucho las imágenes y comparaciones extraídas de la vida cotidiana a fin de hacer comprensible a su gente el Mensaje del Evangelio:

«Consta que se adaptó en todo, incluso en el lenguaje, para que todos lo entendieran. Decía en expresión de San Agustín, que prefería ser entendido, antes que pasar por erudito y que no lo entendieran»13.

Tanto laicos como sacerdotes y religiosos apreciaron ese carisma que Dios le había dado de anunciar la Palabra con toda llaneza y hondura. Ahora bien, este empeño suyo por anunciar fielmente la Palabra de Dios de forma comprensible para la gente sencilla e ignorante, no era fruto de una postura demagógica o artificial, sino que brotaba de su corazón sacerdotal que buscaba un lenguaje al servicio de la fe de los más pobres:

«[…] voi a dar dos misiones con la que principio mañana en el Ingenio San[ta] Ana, y que he predicado dos sermones en Santo Domingo, y dos en dos conventos de Monjas, a solicitud de ellas mismas: y 2°: que voi pasando por un predicador de fama, a consecuencias que los peri[o]dicos de Tucumán, así me presentaron, cuando llegue a esa ciudad; pero lo que quiero contarle es el testo conque rompi en la primera mision: este fue una vaca negra, que estaban viendo todos los oyentes. Dije, que asi como esa vaca estaba con la señal y marca del Ingenio, llamado la Trinidad , asi estabamos señalados, y marcados por Dios todos los cristianos14; pero que Dios no marcaba en la pierna, ni en la paleta, ni en las costillas, sino en el alma, y que Dios no señalaba en las orejas, sino en la frente, porque la señal de Dios era la santa cruz, y que la marca de él era la fe, y que esta la ponia en el alma, y que se la ponia volcada a todos los que no guardaban los mandamientos. Pero, mi querido, hizo tal eco mi elocuencia, que se han costiado15 hasta de 25 leguas a oirme, y se han confesado en esa misión como no lo han echo en otras, que han dado Jesuitas copetudos16, y elocuentes. He adquirido una fama, que ya me veen para el año que viene. No se oye otra cosa, que la sabiduria del Cura Brochero, espresada, o sintetizada, en la marca y señal de la vaca negra del Ingenio de la Trinidad […]»17

Los testigos nos presentan a un Brochero que tiene un lenguaje llano y hasta a veces humorístico, pero nunca con expresiones vulgares o groseras18. Su equilibrio en la adecuación al lenguaje popular le permitió, incluso, corregir a un sacerdote cuyo intento de adaptación le pareció inconveniente:

«… conoce el hecho de que el célebre Padre Cyprien, delegado de la Obra de la Propagación de la Fe, queriéndose adaptar a la gente del lugar, empezó a usar esta terminología lugareña y el Siervo de Dios lo corrigió diciendo: ‘No Padre Cyprien, esas palabras quedan mal en sus labios'»19.

Vamos a señalar otro aspecto importante de su vida apostólica: su oración. La gente que lo trató testimonia unánimemente cómo el SD se entregaba con fervor a dialogar con Dios, priorizando la oración a las urgencias de una vida tan llena de actividad como la suya:

«Muchas veces pedía cuidadosamente que no se le molestara cuando estaba en oración o en soledad, después de las tandas de ejercicios»20

El Cura Brochero enseñó con su ejemplo y su palabra que la oración es algo prioritario en la vida espiritual del cristiano:

«Con respecto a su vida de oración, la testigo le ha visto muchas veces en oración […] En su propia casa le ha visto entregado a la oración y a veces cuando se le requería solía contar ‘Voy una vez que termine mis rezos'»21.

Durante sus cabalgatas y viajes el SD se entregaba también a la oración silenciosa y continua de donde más tarde brotaría su predicación:

«Entre los libros que llevaba cuando fue por San Luis, me dijo el viejito Oropel que lo acompañaba, llevaba el Santo Evangelio, lo leía, se callaba, meditaba, y después predicaba»22.

La Santa Misa fue el centro de toda su vida y de su tarea de apóstol. Aún viajando a los lugares más inhóspitos y en las circunstancias más difíciles, llevaba todos los elementos para la celebración de la Eucaristía23. Y cuando la lepra lo redujo a la ceguera tota, celebraba con todo amor y de memoria la Misa votiva de la Santísima Virgen24. Además, señalemos que una de las expresiones importantes de su oración sacerdotal, que cuidó con toda fidelidad, fue el rezo del Breviario que siempre llevaba consigo25; allí Brochero -unido a Cristo- prestaba su voz a la Iglesia en nombre de todos los hombres.

Otro rasgo característico de su vida de fe y de su oración fue el amor sólido y tierno a la Madre de Dios. Los testigos señalan unánimemente cómo el SD inculcaba a todos sus fieles la devoción filial a María Santísima, expresada especialmente en el rezo del Santo Rosario:

«[…] iba en la mula rezando el Rosario […] Era muy devoto de la Virgen, especialmente en la advocación de la Inmaculada de la que tenía una imagen en la iglesia y siempre que pasaba por allí la saludaba con fervorosas jaculatorias. Cuando enfermó se la llevó a su pieza. Frecuentemente inculcaba a los fieles la devoción a la Virgen»26.

Entre los contenidos fundamentales o los núcleos preferenciales de su anuncio evangélico podemos destacar la centralidad de la persona de Jesús. Su anuncio será principalmente Jesucristo. De hecho todas las predicaciones escritas que quedan de él tienen como eje central la persona, las exigencias, los dones de Jesús. Cristo es presentado por Brochero como el «Hijo Unigénito del Padre», «santidad por esencia», «el divino capitán», «que nos ama hasta el extremo» y «no busca, sino nuestra felicidad», «guía segura»27.

El SD habla con vigor del amor de Cristo muerto y resucitado, quien para nuestro consuelo, aliento y sostén está presente en el inmenso milagro de amor que es la Eucaristía:

«… porque entonces, porque justamente entonces es, cuando su amor se acrece, se vigoriza, se agiganta, se rebalsa por todas partes, y se revienta, si puedo expresarme así, y hace entonces un milagro de amor, que puso en admiración y espanto a los mismos ángeles: y este milagro fue, instituir el sacramento de la Eucaristía: porque la hostia consagrada es un milagro de amor: es un prodigio de amor: es una maravilla de amor: es un complemento de amor, y es la prueba más acabada de su amor infinito hacia mí, hacia Uds; hacia el hombre»28.

Brochero, compenetrado con el Evangelio y con la espiritualidad de San Ignacio, habla a menudo de la disyuntiva que encuentra el cristiano en su camino hacia Dios29. Jesucristo llama al hombre a seguirle, a «alistarse bajo su bandera». En contraposición a Cristo, el Demonio y sus convites constituyen un proyecto de vida absolutamente opuesto al de Jesucristo, lo cual crea una situación de lucha en el corazón del hombre. Satanás no sólo incita hacia el mal sino también intenta obstaculizar de mil maneras el camino del cristiano hacia Dios. El Cura Brochero tuvo clara conciencia de que muchos contratiempos que todo apóstol encuentra en su misión, van más allá de los factores meramente humanos porque es el Enemigo quien intenta trabar la respuesta que Dios espera del cristiano. Sin embargo, no temió, ya que hizo frente a todo obstáculo en el Nombre de Dios:

«[…] me han oído decir en la iglesia con repetición la parte de la nueva iglesia que se hace, aunque salga Luzbel con todos los diablos a oponerse […]»30

Esto no era para él sólo palabras sino que constituía una actitud espiritual en su pastoreo. Un claro ejemplo lo hallamos en torno al establecimiento y posterior partida de los Claretianos de su Parroquia. El SD había proyectado -y logrado- establecer en Villa del Tránsito (además de las Esclavas del Corazón de Jesús para la atención de la Casa de Ejercicios y del Colegio de niñas31) una comunidad religiosa masculina cura misión era hacerse cargo de manera estable de la predicación de los Ejercicios, asistir espiritualmente a la Comunidad de las Esclavas y dirigir una escuela de varones32. Diversos malos entendidos, recelos e incomprensiones humanas desembocaron finalmente en la decisión de levantar la comunidad de los Misioneros Claretianos de la Villa del Tránsito. En medio de estos debates, Brochero ve en toda esta situación -mas allá de las miserias humanas- la estrategia del Demonio que busca dividir, oponer y así hacer fracasar esta misión de la Iglesia33 que tanto bien estaba haciendo a los cristianos de su Parroquia:

«[…] no bien los asenté yo y los coloqué en la casa que Usted conoce y que les prestaron las Hermanas religiosas, empezó a bufar Satanás como macho o mula que está viendo al león, esto es, pretendiendo echarlos al instante […] Satanás ha hecho con la Congregación del Tránsito lo mismísimo que hizo cuando Jesucristo por primera vez dijo a los miles que le seguían: ‘mi carne es verdadero manjar y mi sangre verdadera bebida’ y en el momento dijeron esos miles, en mi modo de expresarme: ‘?disparates! ?desatino! … tienen razón los escribas y fariseos en decir que es un embaucador y mentiroso…’; y le dejaron solo, de manera que Jesucristo volviéndose a sus Apóstoles les dijo: ‘?y vosotros no os vais también?’ Entonces Pedro en nombre de todos dijo: ‘?adónde iremos, si Vos Señor, tenéis palabras de Vida eterna?’. Usted, Revmo Padre sabe mejor que yo por qué puso Satanás tan mala voluntad cuando se habló por primera vez del Santísimo Sacramento: porque la comunión de un solo cristiano le quema más que el infierno y querría que nadie comulgase para no recibir tanto tormento; y por eso ha levantado tantos errores, tantas herejías y dificultades para creer en tan augusto Sacramento. Lo mismo y mismísimo ha hecho Satanás con su comunidad del Tránsito, que le quema más su estadía en el Oeste que no lo que le queman las obras o comuniones que hacen o hacen hacer sus misioneros que viven en la capital de la provincia y por eso bufa tan fuerte Satanás y pretende intrigarle al cura para con los Padres a fin de Usted los levante del Tránsito»34.

«Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor,
y nosotros no somos más que servidores de ustedes por amor de Jesús» (2 Cor. 4, 5)

Como lo hemos dicho ya anteriormente, el SD estuvo siempre fuertemente compenetrado con la espiritualidad de San Ignacio de Loyola y su ideal de poner todo bajo la Bandera de Cristo, luchando virilmente por la expansión de su Reino. Brochero había experimentado desde su juventud la gracia que Dios derramaba a través de los Ejercicios Espirituales:

«En 1886 había terminado sus estudios teológicos, y estaba resuelto a recibir inmediatamente las órdenes mayores. Muchas veces le he oído referir, que la contante preocupación de su juventud, fue el sacerdocio, que se le presentaba como un esfuerzo de hombre superiores. No sabía qué estado adoptar -si el seglar o el eclesiástico, cuyas puertas se le abrían. Su espíritu fluctuaba y su corazón sufría con esta indecisión. Asistió un día a un sermón en que se señalaron las exigencias y sacrificios de una y otra bandera, según su propia expresión, y apenas concluyó de escucharlo, la duda ya no atormentaba su alma, y ser sacerdote era para él una resolución inquebrantable. Muy luego, pues, le fueron discernidas las órdenes mayores. El conocimiento de las prácticas referentes al sagrado Ministerio, la frecuente asistencia a la casa de ejercicios espirituales, donde desempeñaba los oficios de lector, y doctrinero, lo absorbieron por completo aquel año, formando una alta idea de la utilidad que encerraban aquellos ejercicios, lo que siempre le hacía repetir, que si alguna vez llegaba a ser cura, procuraría construir una gran casa consagrada a ese objeto»35.

Es importante que recordemos que en Córdoba los Ejercicios Espirituales formaban parte de la vida espiritual de los cordobeses, gracias a la tarea evangelizadora de la Compañía de Jesús que llegó a esta Diócesis en 1599.Un siglo antes que Brochero, una mujer santiagüeña, con mirada profética, logró que la práctica de los Ejercicios ignacianos continuaran en nuestras tierras cuando los jesuitas fueron expulsados por orden del Rey Carlos III. Nos estamos refiriendo a María Antonia de Paz y Figueroa ( 1730-1799)36. Esta mujer criolla – desde la profunda intuición que brota de la fe- ayudó a crear en nuestras tierras la conciencia de que los Ejercicios Espirituales de San Ignacio son patrimonio de toda la Iglesia y no una modalidad peculiar de los jesuitas. Más allá de que la Compañía hubiera sido expulsada de nuestras tierras, compendió que era necesario proseguir esta misión con dominicos, franciscanos, clérigos diocesanos y con mujeres laicas, como era ella. María Antonia, «la Beata de los Ejercicios» irá casa por casa, rancho por rancho, invitando a todos a «estar unos días juntos y a oír contar las cosas de Dios». Comenzando en Santiago del Estero, María Antonia organizó Ejercicios más tarde, en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Córdoba. Mantuvo una abundante correspondencia con algunos jesuitas expulsados, narrándoles cómo ella trabajaba para mantener vivo en espíritu y la practica de los Ejercicios en el país. Con los informes de Ambrosio Funes y las cartas de María Antonia, los jesuitas redactaron la primera biografía, en vida de ella, y que hicieron circular por Europa, con el título de «El estandarte de la mujer fuerte». Sus cartas, fueron traducidas al latín, inglés, francés, alemán y se difundieron hasta en Rusia, en donde sobrevivían legalmente los jesuitas. En una carta, «Mamá Antula» (como fue llamada cariñosamente por la gente) decía:

«En esta ciudad de Córdoba se han dado [los Ejercicios] durante catorce semanas, y en cada semana ha habido más de doscientas personas y alguna vez trescientas.»

María Antonia escribe: «[…] casi no hay clérigo que no haya hecho los Ejercicios» y es tan grande el cambio que el Obispo impone la obligación de hacer un retiro en la Santa Casa a lo que se van a ordenar; incluso a uno, ella le aconseja no ordenarse.

Volvamos a Brochero. En su época, habían surgido iniciativas a fin de reavivar la práctica de los Ejercicios Espirituales: la SD Catalina de María Rodríguez -acompañada por el Pbro. David Luque y el jesuita José María Bustamante (fundador también de las Adoratrices Argentinas)- fundó las Esclavas del Corazón de Jesús dedicadas a colaborar en la atención de la Casa de Ejercicios de Córdoba, proyectándose más tarde en la promoción integral de la mujer. La primera casa que tendrán las Esclavas fuera de la ciudad de Córdoba será en Villa del Tránsito: el Siervo de Dios las traerá a fin de contar con su valiosa colaboración en la Casa de Ejercicios y como educadoras en el Colegio de Niñas, fundado por él.

La firme convicción en el poder de la gracia de Dios hizo que Brochero procurara con todas sus fuerzas que -así como él mismo lo había experimentado en su vida37– también sus fieles fueran transformados por el Señor a través de los Ejercicios Espirituales según el método de San Ignacio de Loyola. Para el SD los Ejercicios ignacianos eran «baños del alma»38 y «escuela de todas las virtudes y muerte de vicios»39 reconociendo que:

[…] Dios en los santos ejercicios me ha enseñado a mí y Uds. que el hombre debe primero perder su honor, sus bienes o riquezas y su vida misma, antes que perder a Dios o sea su salvación»40

Por ello, comenzó a llevar a sus feligreses a la Casa de Ejercicios en la Ciudad de Córdoba41 y más tarde concibió la idea de hacer en Villa del Tránsito una Casa de Ejercicios42. En el año 1881, el Padre Bustamante sj redacta un informe al Padre Visitador de la Compañía de Jesús, allí describe con admiración la obra que el Cura Brochero (siendo cura del clero diocesano) está realizando en base a los Ejercicios de San Ignacio. Bustamante refiere el número de tandas que los jesuitas dieron durante los años de su superiorato: en el año 1878, tres tandas con un total de 3.169 ejercitantes; en 1879 hubieron ocho tandas con más de 2.000 ejercitantes en total y en 1880 (hasta el mes de junio) se realizaron dos tandas de 400 mujeres cada una bajo la dirección de los Padres Franciscanos de Río Cuarto. Narra con asombro cómo llega gente desde la Rioja y San Luis que han viajado durante tres, cuatro y cinco días. En el año 1879 una nevada de agosto había impedido la llegada de ejercitantes, sin embargo el día que se iniciaron los Ejercicios se reunieron más de 500 mujeres. Tal como lo notaba el Padre Bustamante y otros43, el SD no escatimaba esfuerzo alguno y allanaba toda dificultad a fin de que sus feligreses no se vieran privados de tan magnífica oportunidad para abrirse a la Vida de Dios. Señalemos que el Padre Brochero, además de atender sus obligaciones de párroco, hacía las meditaciones y lecturas de los ejercitantes, estaba en todos los detalles organizativos de la Casa y, por supuesto, se dedicaba con ahínco a confesar a los ejercitantes44.

Uno de los frutos que produjeron los Ejercicios en la vida de su Parroquia fue la asiduidad con la que sus feligreses concurrían a la recepción de los Sacramentos:

[…] el que anden [los feligreses] cuatro, seis y más leguas para confesarse todos los meses o antes, se ha hecho tan común, que se mira ya como el modo ordinario de vivir entre aquellos cristianos»45

Sin embargo el fruto más notable e impactante -signo por otra parte del auténtico encuentro con el Señor- fue la profunda reforma de vida de sus fieles46. De tal forma la práctica de los Ejercicios fue un verdadero fermento renovador de la vida cristiana de la zona:

«Además era harto sabido que la gente que concurría a los santos ejercicios salían totalmente transformados y reformados en sus costumbres y manera de vivir […] la gente solía comentar que la Casa de Ejercicios era un verdadero semillero de conversiones, plenamente comprobado por todos. Jamás se oyó que todas estas conversiones las realizara el SD buscando gloria humana o otro fines de halagar su vanidad, sólo le interesaba la mayor gloria de Dios, como solía repetir con frecuencia»47

Su gran celo por la propagación de la fe -manifestada a través de su Casa de Ejercicios Espirituales en Villa del Tránsito- hizo que durante los años que estuvo de Canónigo en la ciudad de Córdoba, se dedicara a dar tantas de Ejercicios a los presos de la Penitenciaría48. Dichas tandas constituyeron verdaderas misiones espirituales:

«Diariamente el canónigo Brochero se traslada a la cárcel llevando la Palabra de Dios y dirige a los presos reunidos interesantes pláticas, de esas alocuciones sabrosas y originales que le han dado renombre. Los detenidos escuchan con placer las pláticas del canónigo Brochero que al par que les brindan momentos agradables infunden en sus espíritus sentimientos cristianos haciéndoles pensar en Dios y reconciliándolos con la iglesia católica»49

A lo largo de su vida apostólica su anhelo evangelizador lo llevó a realizar algunas misiones no solo en su enorme curato50 sino también fuera de él51, incluso en diversas provincias de la Argentina52.

Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles.
Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio.
Y todo esto por amor al Evangelio? (1 Cor. 9, 22)
53

Brochero no se quedó sentado esperando que sus fieles vinieran a él sino que salió al encuentro de todos particularmente de los más alejados de la fe. Sus gestos sacerdotales procedían del amor de Cristo Pastor que sale al encuentro del hombre descarriado para conducirlo al Reino:

«Vivía en el curato de Soto un señor de mala vida, hombre reacio y de averías. Un día llegó por allí el SD de visita a la casa del cura de Soto, cosa que hacía de vez en cuando y siempre trataba de conversar con la gente y de hacerse amigos; así fue que llegó a la casa de este señor, que el testigo no recuerda su nombre, y se fue haciendo amigo. El mismo cura de Soto le decía que no fuese porque no sabía qué clase de hombre era el señor de referencia y también los mismo vecinos le informaron de la misma manera; pero el SD hizo caso omiso de los decires de la gente y de la misma opinión del cura párroco del lugar y en poco tiempo nomás conquistó al hombre de vida irregular, se hizo amigo y lo trajo a ejercicios. Al poco tiempo también trajo a la mujer que vivía con él, la hizo que practicara los santos Ejercicios, después los casó y fueron en adelante ejemplares cristianos. A los que le reprocharon su conducta de llegarse a esa clase de gente, el SD contestaba: ‘La culpa la tiene Nuestro Señor, que El obró de la misma manera y paraba en la casa de los pecadores para atraerlos a su Reino’.»

Esto le causó a veces algunos problemas ya que tuvo que afrontar críticas que llegaron incluso a oídos del Obispo. Pero Brochero siempre fue un hombre interiormente muy libre a la hora de buscar la cooperación de todo aquel que quisiera darle una mano en sus proyectos sacerdotales54. El mismo nos explica que su proceder responde al Evangelio:

«[…] se valió Dios de los hombres más rudos e ignorantes, y aún de ladrones como era San Mateo, para que se viera que en esa vuelta de costumbres del género humano había andado el Dedo de Dios […]»55

Como nos damos cuenta, uno de los rasgos personales más notables de la espiritualidad brocheriana es la fortaleza para hacer frente a todo aquello que se interponga en su camino obstaculizando lo que -en su conciencia de sacerdote- descubre como querido por Dios en favor de sus fieles.

Podemos decir que a Brochero le basta saber que sus feligreses necesitan tal o cual cosa para vivir más plenamente su condición de cristianos para que él no se vuelva atrás y busque lograrlo de todas las maneras posibles:

«[…] yo bien comprendo que la carrera eclesiástica se toma para trabajar en bien de los prójimos hasta el último [momento] de la vida, batallando con los enemigos del alma, como los leones que pelean echados cuando parados no pueden hacer la defensa»56.

Por esta razón, está dispuesto a golpear todas las puertas y a buscar a todos aquellos que puedan darle una mano, a fin de conseguir los medios temporales necesarios, para que sus feligreses alcancen una vida más digna y cristiana. Tomemos por ejemplo una carta dirigida a un Diputado Nacional:

» […) Yo, Señor Seguí, soy tan agradecido como persistente, por no decirle molesto y cuando le tomo afición a un hombre de valer como Usted -y creo que con su ayuda puedo realizar el bien de mis semejantes- es inútil que me ponga mala cara o quiera sacarme el vulto, pues ni a empujones me sacará de su lado, como no saldría jamás de mi corazón la gratitud que le deberé, si como lo espero, me ayuda a la realización de esta grande obra…»57

Es interesante notar cómo cuando Brochero expresa su constancia en la búsqueda de aquello que debe hacer como sacerdote para el bien de sus fieles, utiliza imágenes combativas: se presenta como soldado «siempre listo para la lid»58. El SD consideraba que el máximo galardón de su vida sacerdotal era morir luchando por Cristo en el ejercicio fiel del ministerio:

«[…) En cuanto al trabajo sacerdotal desde que pensé que me debía ordenar, creí que la corona que se me abriría luego me imponía el deber que creyó el valeroso Negro Barcala le imponía su valor y deber militar: de esperar a Quiroga sentado sobre el cañón, pero que después que él y los pocos soldados que tenía había quemado el último cartucho, para que sobre él [el cañón] lo degollasen; esto es, yo me felicitaría si Dios me saca de este planeta o sentado confesando y predicando el Evangelio […] Yo le he dicho al Señor Obispo y le he repetido hasta el fastidio quizás, que […] lo acompañaré hasta la muerte, pero como simple soldado que desea morir en las peleas de Jesucristo»59.

Señalemos igualmente, que su tenacidad apostólica carecía de rasgos de dureza ya que la caridad del Buen Pastor informaba su accionar sacerdotal dándole firmeza pero sin rigidez: los mismos feligreses atestiguan -por ejemplo- que el SD no se enojaba si alguno no quería hacer Ejercicios Espirituales60, aunque no por ello Brochero dejaba de insistir hasta lograrlo.

«¿Quién desfallece, que yo no desfallezca? (2 Cor. 11, 29)

Siguiendo el ejemplo del Señor Jesús, el Buen Pastor que conoce a sus ovejas, incansablemente recorrió su Parroquia: así pudo descubrir las verdaderas necesidades -tanto espirituales como materiales- de su Curato:

«[…] aunque no soy nadie, ni sepa nada, ni sea capaz de expresarme en forma elegante, conozco palmo a palmo y mejor que cualquier literato todas las sierras de Córdoba y he pasado en ellas los mejores años de mi vida, levantando templos y escuelas y luchando con las dificultades […] y creo que mi palabra debe ser creída pues que ella será siempre la verdad?61

En efecto, en cada una de las etapas de su vida sacerdotal, el Cura Brochero se interesó vivamente por el desarrollo socioeconómico de sus fieles, la enseñanza, los caminos, el ferrocarril. En sus cartas aparece a cada paso la clara conciencia de que todas estas cosas las realiza por amor a Dios y a su gente. >

«El amor de Cristo nos apremia» (2 Cor. 5, 14)

Señalemos ahora, otro rasgo interesante de su personalidad de Pastor: su exquisita afectividad. Brochero amó a su gente con todo su corazón y con la rica afectividad que supo llenar del amor a Cristo Jesús. El SD -fue un criollo de pura cepa, sobrio, esforzado, viril y tenaz- supo simultáneamente vivir los valores humanos de la cordialidad, el sentido del humor, la amistad: cuidó a sus amigos, se jugó por ellos, les abrió su corazón. Ilustremos estas afirmaciones con algunos ejemplos. El relato de la conversión de Santos Guayama62, nos descubre al Pastor que sabe amar con corazón sacerdotal al pecador y que busca su bien. Cuando se refiere a Guayama le denomina «mi buen amigo»; sale a su encuentro porque tiene conciencia de que es Dios quien lo busca por su intermedio y éste fue el comienzo de una sincera amistad. Frente a Guayama, lo que pretendió el Cura Brochero, fue ayudarlo para que empiece una vida nueva; le enviará una medalla y la imagen de un Cristo para que lleve al cuello; también le regalará un retrato suyo a este hombre perseguido que -de ahora en más- mirará como a un amigo querido; llegará a decirle:

«[…] Don Santos, son tantos los deseos que tengo de verlo y estrecharlo entre mis brazos que los días me parecen años. ¡Ojalá Dios me hiciera el favor de proporcionarme los medios de verlo, en la expedición que haré a los Llanos de la Rioja!»

Ahora bien, con sentido realista y práctico, el Cura pensó en todos los detalles del caso: asumió el compromiso de cancelar todas las deudas económicas de Guayama, lograr un indulto del Gobierno Nacional y conseguirle un empleo; todo esto a cambio de que Guayama y 300 de sus secuaces participaran en los Ejercicios. Esto pone de manifiesto cómo el estilo evangelizador de Brochero piensa siempre en el bien integral de la persona. No obstante todas sus preocupaciones y diligencias, Santos Guayama será encarcelado y más tarde fusilado sin juicio alguno, lo que provocará en el Cura un «profundo dolor en su alma».

El corazón sacerdotal de Brochero, se volcará siempre en el servicio hacia los más necesitados. Todo aquel que reclamaba su presencia sacerdotal (particularmente los enfermos y moribundos cuya atención normalmente requería el recorrido de decenas de kilómetros a caballo63) hallaba en él al ministro de Dios siempre dispuesto a servirles hasta el fin:

«En cuanto a la atención de los enfermos era sumamente solícito y nada le detenía en ir a socorrerlos, como la inclemencia del tiempo, lluvias, nevadas, grandes crecidas de los ríos y arroyos de la zona. A este particular puedo referir el caso de que en cierta oportunidad para ir a atender un enfermo se dio que el río que debía cruzar estaba muy crecido y la gente le decía que no lo cruzara porque corría gran riesgo su propia vida. El SD les respondía que no podía dejar de hacerlo porque debía ir a salvar esa alma; con gran heroísmo cruzó nomás el río y atendió al enfermo que reclamaba su presencia y asistencia espiritual.»64

Durante sus años de permanencia en Córdoba -cuando fue nombrado Canónigo de la Catedral (Agosto 1898-Agosto 1902)- realizó en esta Ciudad un intenso apostolado con los presos. Es interesante señalar que es a los encarcelados -a quienes aplica la expresión «mis queridos hijos espirituales»65– daba con periodicidad tandas de Ejercicios Espirituales, lo cual provocó en algunos una serie de críticas, frente a las cuales defendió publicando sus razones en el diario Los Principios66.

Pero además, Brochero no descuidó nunca el ejercicio de la caridad no sólo para con sus fieles, sino también para con sus hermanos sacerdotes. En la carta en la que solicita uno o dos sacerdotes como ayudantes para su Curato, veamos cuáles son los compromisos que asume frente a su Obispo. Este texto es interesante para conocer los rasgos brocherianos de lo que hoy denominamos «la fraternidad sacerdotal»:

«[…] El Cura procurará que sus cosas sean también de los ayudantes, esto es, verá de no reservarles nada de lo de él […] Los ayudantes le avisarán al Cura Brochero lo que les parezca mal en el trato con ellos o con los feligreses o con las personas particulares, para enmendarse de dicho mal o darles la razón de su proceder [..:] [los ayudantes] han de hacer cada mes un día de retiro junto con el Cura y se han de confesar cada 8 días a no ser que la distancia u otra circunstancia impida esa frecuencia, pero se hará a la mayor brevedad, de suerte que no pase de quince a veinte días. El Cura les dará ejemplo en esa línea confesándose ya con el uno ya con el otro […] Cuanto sean más pecadores o más rudos o más incivilizados mis feligreses, los han de tratar con más dulzura y amabilidad en el confesonario, en el púlpito y aún en el trato familiar. Y si encuentran algo digno de reto, que lo avisen al Cura para que él reprenda a fin de que los feligreses no se recientan con los ayudantes sino con el Cura, porque ya sabe él cómo los ha de retar […] que harán los entierros y funciones […] por algo menos que el arancel, porque así se gana más plata y [se gana] más fama de desinteresado […] que ayudarán al Cura a confesar sanos a derecha e izquierda; y pueden predicar cada vez que quieran y puedan, porque oyentes tendrán siempre.»67

«Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo,
sino que Cristo vive en mí» (Gál. 2, 20)

Como en todo hombre de Dios, hallamos la presencia del dolor purificador en su vida sacerdotal. Brochero conoció el dolor de las «noches» en su intensa vida apostólica: críticas e incomprensiones de algunos sacerdotes, religiosas y fieles; indolencia de algunos gobernantes ante sus pedidos de colaboración (particularmente su sueño irrealizado del ferrocarril) y finalmente, su lepra:

«Cuando el SD supo de la enfermedad que tenía dijo estas palabras: ‘Alabada sea la voluntad del Señor que se ha acordado de mí’. Este es el espíritu con el cual sobrellevó su enfermedad y este es el comentario general de la gente sobre el particular»68.

Así vemos llegar su «hora»: la lepra, que lo redujo a la inactividad y a la soledad. El misterio del dolor en la vida de Brochero va gestando cada vez más un corazón humilde que busca sólo la conformidad con la Voluntad de Dios. Él mismo nos da testimonio de esto cuando dice:

«En fin mi amigo, yo, Usted y todos los hombres somos de Dios en el cuerpo y en el alma; Él es el que nos conserva los cinco sentidos del cuerpo y las tres potencias del alma; y el mismo Dios es quien inutiliza algunos o todos los sentidos del cuerpo, y lo mismo hace con las potencias del alma. Yo estoy muy conforme con lo que ha hecho conmigo relativamente a la vista, y le doy muchas gracias por ello. Cuando yo pude servir a la humanidad me conservó íntegros y robustos mis sentidos y potencias, hoy que ya no puedo, me ha inutilizado uno de los sentidos del cuerpo. En este mundo no hay gloria cumplida y estamos llenos de miserias. Sin más, salude a mis pocos amigos que supongo me han quedado»69.

El desarrollo del ministerio sacerdotal de José Gabriel Brochero, nos muestra a un hombre inmensamente activo quien, al final de su vida, se vio reducido a la pasividad. Sin embargo, en la pasividad de la purificación es capaz de descubrir desde la fe la mano de Dios que hace misteriosamente fecunda su vida.

En este período duro de su vida, merece particular atención una imagen que hallamos repetidas veces en sus cartas: el «caballo chesche»70. Según los estudiosos71, «el caballo» -entre otras cosas- es símbolo de la impetuosidad del deseo, de la juventud del hombre, con todo lo que ésta contiene de ardor, fecundidad y generosidad. Precisamente, en Brochero, este símbolo aparece en cuatro cartas en las que quiere expresar la paradoja de su vida: él, en otro tiempo, fuerte y brioso, ahora se halla viejo y enfermo, reducido a la debilidad total, a la inactividad. Podemos afirmar que «el caballo chesche» es un símbolo que le ayuda a expresar su conciencia actual de debilidad. Escuchemos un fragmento de una de sus cartas más hermosas: es la que dirige a su compañero de ordenación sacerdotal Juan Martín Yáñiz (en esos momentos, Obispo de Santiago del Estero): aquí no sólo describe lo que está viviendo, sino que comparte con su amigo cómo experimenta esta etapa de su vida, que presiente será la última:

«Mi querido: Recordarás que yo sabía decir de mí mismo que iba a ser como el caballo chesche que se murió galopando; pero jamás tuve presente que Dios Nuestro Señor es quien vivifica y mortifica y quien da las energías físicas y morales y quien las quita. Pues bien, yo estoy ciego casi al remate y apenas distingo la luz del día y no puedo verme ni mis manos; a más, estoy casi sin tacto desde los codos hasta la punta de los dedos, y de las rodillas hasta los pies; y así otra persona me tiene que vestir o prenderme la ropa. La Misa la digo de memoria y es aquella de la Virgen cuyo Evangelio es: ‘extollens quidam mulier de turba…’; para partir la hostia consagrada y para poner en medio del corporal la hijuela cuadrada, llamo al ayudante para que me indique que la forma la he tomado bien para que se parta por donde la ha señalado […] me cuesta mucho incarme y muchísimo más el levantarme, a pesar de tomarme de la mesa del altar. Ya ves el estado a que ha quedado reducido el chesche, el enérgico y el brioso. Pero es un grandísimo favor el que me ha hecho Dios Nuestro Señor en desocuparme por completo de la vida activa y dejarme con la vida pasiva; quiero decir, que Dios me da la ocupación de buscar mi fin y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo. No ha hecho así contigo Dios Nuestro Señor, que te ha cargado con el enorme peso de la mitra hasta que te saque de este mundo, porque te ha considerado más hombre que yo, por no decirte en tu cara, que has sido y sos más virtuoso que yo. Me ha movido escribirte tal cual ésta, porque tres veces he soñado que he estado en funciones religiosas junto contigo, y también porque el 4 del entrante, entramos 47 años a que nos eligió Dios para príncipes de su Corte, de lo cual le doy siempre gracias a Dios y no dejo ni dejaré aquellas cortitas oraciones que he hecho a Dios a fin de que nos veamos juntos en el grupo de los Apóstoles en la Metrópoli celestial»72.

Hacia el final de sus días, ciego, leproso y solo, es cuando Brochero habla con más explicitud en sus cartas, de la oración. Ahora -físicamente ciego- ve con más claridad que está celebrando vitalmente su «última Misa», que es la identificación con Cristo en la Pasión. Sus palabras evocan la oración sacerdotal de Jesús, que intercede ante el Padre por todos los hombres del mundo. Allí en su pequeño cuarto, este anciano sacerdote siente que su corazón sacerdotal es capaz de abrazar con Cristo a todos los hombres de la historia73.

Este breve recorrido por los escritos del Siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero, nos abren un horizonte nuevo y real de este hombre casi legendario que -como Jesús- «pasó haciendo el bien», que supo entregar todas sus energías físicas, morales y espirituales sirviendo al Pueblo de Dios aquí, en Traslasierra, en donde su amor y sacrificio le hicieron entrever proféticamente que se quedaría siempre en el corazón de sus serranos:

«Por tantas cosas de las manifestaciones de que me han hecho objeto, he podido pispar que viviré siempre siempre en el corazón de la zona occidental, puesto que la vida de los muertos está en el recuerdo de los vivos»74.

En él vemos reflejado lo que todo seminarista y sacerdote anhela ser según las mociones interiores del Espíritu Santo. Pero además, Brochero es una proclamación viviente de lo que el Pueblo de Dios espera que seamos sus sacerdotes.

La figura del Siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero nos alerta también acerca de todo aquello que puede hacernos perder el rumbo hacia la santidad: bien sea en la intimidad de la experiencia personal, en el plano humano-social o incluso dentro de la vida eclesial.

Nosotros -que compartimos el carisma apostólico- queremos mirar a José Gabriel del Rosario Brochero como un auténtico estímulo para la fidelidad a la misión sacerdotal que en este tramo de la historia nos toca realizar, para la mayor gloria de Dios y la salvación de todos los hombres.

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Notas:

1.- Carta a Nicolás castellano (5 de Diciembre de 1904) regresar

2.- Artículos periodísticos: »El Cura de aldea. José Gabriel Brochero» en El Interior Córdoba 5 Noviembre 1887, 1 [Año VIII n? 2106]. También: «El Cura Brochero» en El Progreso Córdoba 12 Junio 1877, 2; «El Cura Brochero» en El Interior Córdoba 2 Marzo 1883, 2; «José Gabriel Brochero» en El Interior Córdoba I-III: 21 Marzo 1883, 1; IV-VII: 26 Marzo 1883, 1; VIII-IX: 28 Marzo 1883, 1; XI-XIV: 29 Marzo 1883, 1; XV: 30 Marzo 1883, 1; «Nuevo Obispo de Córdoba» en El Porvenir Córdoba 4 Febrero 1887, 2; «El canónigo Brochero» en La Tribuna Nacional Buenos Aires 4 Noviembre 1887, 2; «El canónigo Sr. D. José Gabriel Brochero» en La Patria Buenos Aires 4 Noviembre 1887, 1; «El presbítero Brochero» en La Patria Córdoba 31 Agosto 1898, 2 regresar

3.- «Summarium super vitam et virtutibus» (en adelante citaremos Sum.): Mons. Ramón Castellano, 104. También: Romeo Francisco Dávila, 16; Ernesto Figueroa Oliva, 96; Zoraida Recalde de Recalde, 167. regresar

4.- Summ.: Benjamín Galíndez, 10.13 regresar

5.- Summ.: Carlos Horacio Rodríguez, 20. También : José Alejo Charras, 195 quien afirma que sus temas de conversación giraban en torno al Evangelio. regresar

6.- Summ.: Hna. María Lucía Soto ecj, 55.57.61 .También.: Pbro. Ángel Ignacio Campos, 36.39; R.P. Antonio Aznar Flores sj, 71.86.92; Salvador Ernesto Figueroa, 86; Mons. Ramón Castellano, t 14; Ignacio Castellano 136; Pbro. Edmundo Rodríguez Álvarez, 149; Rubén Cuello Mallea, 161; Petrona Altamirano de Britos, 188; José Zoilo Fidel Charras, 206; Juan Bautista Sánchez, 210; María Celina Carranza, 239; Manuel Gregorio Sabas, 265; María Rosalba Miranda de Vasconcelos, 289; Victoria Claudina de María Miranda, 300; Amalia Simona Astudillo de Aguirre, 304. regresar

7.- Summ.: Pbro. Edmundo Rodríguez Álvarez, 145 regresar

8.- Summ.: Benjamín Galíndez, 10; Hna. María Lucía Soto ecj, 57 regresar

9.- Artículo periodístico: «José Gabriel Brochero» en El Interior Córdoba XV: 30 Marzo 1883, 1 regresar

10.- Cartas: al Obispo diocesano, Fray Reginaldo Toro OP (1 Diciembre 1894); a NN (8 Setiembre 1912); a Nicolás Castellano (28 Enero 1913) regresar

11.- Carta a Miguel Juárez Celman (5 Setiembre 1904) regresar

12.- Carta al Director de la «Tribuna» (julio 1907). Artículos periodísticos: «De Dolores a Soto. El ferrocarril proyectado. La zona de transito. Interesantes detalles» en Tribuna Buenos Aires 2 Julio 1906, 2 regresar

13.- Summ.: R.P. Antonio Aznar Flores sj, 70 regresar

14.- La comparación se basa en la marca que lleva el ganado yeguarizo y vacuno en la paleta, y en la señal que se hace cortando las orejas de los terneros y ovejas. regresar

15.- = venido con sacrificio regresar

16.- = de mucha dignidad regresar

17.- Carta a Guillermo Molina (26 Mayo 1901) regresar

18.- Summ.: Zoraida Recalde de Recalde 166.174; Petrona Altamirano, 186.190; José Zoilo Fidel Charras, 205; Juan Bautista Sánchez, 210.215; María Aurora Altamirano, 222 Carolina Guzmán de López, 227; Gabriel Merlo, 235; Pascuala Recalde de Cortez, 254.257; Martín Torres, 280, Casiano Benegas, 287; María Mercedes Castellano, 318 regresar

19.- Summ.: Mons. Ramón Castellano, 103 regresar

20.- Summ.: Rubén Cuello Mallea, 159. También en Summ.: Romeo Francisco Dávila, 18; Carlos Horacio Rodríguez, 27; R.P. Antonio Aznar Flores sj, 72.75-76,87; Mons. Ramón Castellano, 104 regresar

21.- Summ.: Zoraida Recalde de Recalde, 166. También: José L. Moreda, 47; R.P. Antonio Aznar Flores sj, 75; Rosario Pereyra, 119; Eutimia Mayo de Díaz, 127 Rubén Cuello Mallea, 157; Petrona Altamirano de Britos, 186; José Alejo Charras, 193-194; Armando Cuello, 309. 310; María Mercedes Castellano, 318; María Dora Carreras de Necco, 325.327 regresar

22.- Summ.: R.P. Antonio Aznar sj, 71 regresar

23.- Summ.: R.P. Antonio Aznar Flores sj, 72; Ernesto Figueroa Oliva, 96; Zoraida Recalde de Recalde, 170; José Zoilo Fidel Charras, 202. Notemos también la referencia a la observancia respetuosa del SD por las leyes litúrgicas y canónicas y su fervor al celebrar los sagrados Misterios: Carlos H. Rodríguez, 26; Pbro. Ángel I. Campos, 36; José L. Moreda, 47.49; R.P. Antonio Aznar Flores s:, 90; Zoraida Recalde de Recalde, 170 Petrona Altamirano de Britos, 190; José Alejo Charras, 193; Juan Bautista Sánchez, 213-214; Carolina Guzmán de López, 230; Gabriel Merlo, 233; Pascuala Recalde de Cortez, 257; Hna. Margarita Palacios ecj, 298 regresar

24.- Summ.: R.P. Antonio Aznar Flores sj, 86; Cartas a Aurora Brochero de Aguirre (13 Noviembre 1911); al Obispo de Santiago del Estero, Juan Martín Yáñiz (28 Octubre 1913) regresar

25.- Summ.: Pbro. Ángel Ignacio Campos, 36; José L. Moreda, 47; Hna. María Lucía Soto, 60; R.P. Antonio Aznar Flores, 87; Mons. Ramón Castellano 110; Rosario Pereyra, 120; Eutimia Mayo de Díaz, 127; Pbro. Edmundo Rodríguez Álvarez, 147; Rubén Cuello Mallea, 158 Zoraida Recalde de Recalde, 166.170; Nicolás Bernardo González, 182; José Zoilo Fidel Charras, 202; Juan Bautista Sánchez 210.214; María Aurora Altamirano, 221; Carolina Guzmán de López, 229; Gabriel Merlo, 233-234; Pascuala Recalde de Cortez 256; Manuel Gregorio Sabas, 265; Martín Torres, 278; Casiano Benegas, 285; Hna. Margarita Palacios ecj, 298; María Mercedes Castellano, 320; María Dora Carreras de Necco, 327 regresar

26.- Summ.: Hna. María Lucía Soto, 60.61. También en Summ.: Benjamín Galíndez, 12; Romeo F. Dávila, 18; Carlos H. Rodríguez, 27; Pbro. Ángel I. Campos, 36; José L. Moreda 47; Amanda Hemgrem García, 53; R.P. Antonio Aznar Flores sj, 86.87; Ernesto Figueroa Oliva 98; Mons. Ramón Castellano, 109.110; Rosario Pereyra, 120; Eutimia Mayo de Díaz, 127; María Eleuteria Clara Ludueña de Theaux 141; Rubén Cuello Mallea, 158; Zoraida Recalde de Recalde, 166.171; Petrona Altamirano de Britos, 188 ; José Alejo Charras, 194; José Zoilo Fidel Charras. 202; Juan Bautista Sánchez, 210.214 ; María Aurora Altamirano, 221; Carolina Guzmán de López, 229; Gabriel Merlo 234; Pascuala Recalde de Cortez, 256; Manuel Gregorio Sabas, 265; Martín Torres, 278; Casiano Benegas, 285; Hna. Margarita Palacios ecj, 298; Armando Cuello, 310; María Mercedes Castellano, 318.320; María Dora Carreras de Necco, 327 regresar

27.- Plática de las Banderas regresar

28.- Sermón sobre la Última Cena regresar

29.- Plática de las Banderas regresar

30.- Carta a José Mayo (5 de Junio de 1893) regresar

31.- Artículos periodísticos: «Esclavas del Corazón de Jesús» en El Eco de Córdoba 14 Junio 1878. 3; «Viaje de varias educacionistas» en El Eco de Córdoba 30 Enero 1880, 2; «Nuestras Esclavas del Corazón» en El Progreso Córdoba 30 Enero 1880, 2; «Recepción de las Esclavas del Corazón de Jesús en El Tránsito» en El Eco de Córdoba 22 Febrero 1880, 3; «El señor Brochero» en El Porvenir Córdoba 3 Junio 1887. 1 regresar

32.- «Estado general del Curato del Tránsito de San Alberto que dejó el Cura Brochero» (22 Agosto 1907) AAC; Carta al Obispo diocesano Fray Zenón Bustos (1908). Artículos periodísticos: «Departamentos. De San Alberto. Los RR.PP Misioneros del I. C. de María. Su próxima instalación en Villa del Tránsito. Impresiones del R.P. Provincial. Proyectos a realizarse, escuela, capital departamental» en Los Principios Córdoba 6 Agosto 1907, 2; «Departamentos. De San Alberto. Llegada de los RR.PP Misioneros del I. C. de María. Su recibimiento. Su actuación en ésta. Renuncia y despedida del Cura Brochero. El Tránsito, capital» en Los Principios Córdoba 23 Agosto 1907, 2 regresar

33.- Cartas: al Obispo diocesano Fray Zenón Bustos (13 Octubre 1907); a Filomena Chávez de Domínguez (17 Agosto 1908; 7 Setiembre 1908) regresar

34.- Carta al Padre Martín Alsina, Superior General de los Misioneros Claretianos (11 de Febrero de 1912) regresar

35.- Articulo periodístico: «José Gabriel Brochero» en El Interior Córdoba IV-VII 26 Marzo 1883, 1 regresar

36.- PÉREZ DEL VISO, I. sj «María Antonia de Paz y Figueroa y la Nueva Evangelización» en Cuadernos Monásticos 102 (1992) 311-324 regresar

37.- Summ.: R.P. Antonio Aznar Flores sj, 68: «Por los testimonios de sus amigos íntimos Ramón J. Cárcano, Horacio Ferreyra y el Padre Bustamante, se sabe que tuvo sus dudas para abrazar el estado religioso; entonces el Padre Bustamante le aconsejó que hiciera los santos ejercicios, así lo hizo el Siervo de Dios y en la meditación de las a Dos Banderas , se resolvió decididamente por la carrera eclesiástica a pesar de que antes consideraba el estado eclesiástico como muy elevado y de muy excelsa dignidad». También: R.P. Juan Pedro Grenón sj, 152; Juan Bautista Sánchez, 209.211 regresar

38.- Artículo periodístico: «El Cura Brochero» en Los Principios Córdoba 16 Octubre 1902, 1 regresar

39.- Artículo periodístico: «Tránsito» en Los Principios Córdoba 17 Marzo 1910, 2 regresar

40.- Carta a NN (Octubre 1912) regresar

41.- Artículos periodísticos: «Ejercitantes» en El Eco de Córdoba 27 Agosto 1874, 3; «José Gabriel Brochero» en El interior Córdoba XI-XIV: 29 Marzo 1883, 1 regresar

42.- Artículos periodísticos: «Una casa de Ejercicios» en El Eco de Córdoba 1 7 Setiembre 1875, 3 regresar

43.- Artículos periodísticos: «José Gabriel Brochero» en El Interior Córdoba: XI-XIV 29 Marzo 1883, 1 regresar

44.- Summ.: Hna. María Lucía Soto, 57; R.P. Juan Pedro Grenón, 152; Petrona Altamirano de Britos, 187-188; Juan Bautista Sánchez, 212; Pascuala Recalde de Cortez, 255 regresar

45.- J.M. BLANCO, op. cit. 99 regresar

46.- Summ: R.P. Antonio Aznar Flores sj, 90-91; Mons. Ramón Castellano, 107 ; José Zoilo Fidel Charras, 199; Juan Bautista Sánchez, 210-211; María Aurora Altamirano, 221; Carolina Guzmán de López, 228; María Cleofé Ceballos, 248; Pascuala Recalde de Cortez, 255; Manuel Gregorio Sabas, 263-264; Martín Torres, 274.281; Hna. Margarita Palacios ecj, 299; María Mercedes Castellano, 321-322. Artículos periodísticos: «Una casa de Ejercicios» en El Eco de Córdoba 17 Setiembre 1875, 3; «Esclavas del Corazón de Jesús» en El Eco de Córdoba 1 Diciembre 1875, 2; «Noticias de la campaña» en La Carcajada Córdoba 10 Setiembre 1876, 4; «Baños de Mina Clavero. Correspondencia para el «Progreso» en El Progreso Córdoba 8 Febrero 1877, 2; «José Gabriel Brochero» en El Interior Córdoba XI-XIV: 29 Marzo 1883, 1; «Tránsito. Notable Colegio de las Esclavas del Corazón de Jesús. Su fundación. Historia como hay pocas. La Casa de Ejercicios» en Los Principios Córdoba I: 23 Mayo 1896, 1 regresar

47.- Summ.: Zoraida Recalde de Recalde, 167 regresar

48.- Artículos periodísticos: «En la cárcel penitenciaria. Ejercicios Espirituales» en Los Principios Córdoba 14 Noviembre 1900, 1; «Ceremonia interesante» en La Libertad Córdoba 20 Noviembre 1900, 1; «En la Penitenciaría» en La patria Córdoba 20 Noviembre 1900, 2 regresar

49.- Artículo periodístico: «Ejercicios espirituales en la Penitenciaría» en La Libertad Córdoba 14 Noviembre 1900, 2 regresar

50.- Carta a Carmen Allende (1876) regresar

51.- Artículos periodísticos: «Misiones en San Javier» en El Porvenir Córdoba 25 Febrero 1888, 1 ; «Religiosas» en La Libertad Córdoba 6 Junio 1899, 2; «Viajeros» en Los Principios Córdoba 8 Junio 1899, 2; «Viajeros» en La Libertad Córdoba 20 Julio 1899, 1 regresar

52.- Cartas: al Obispo de Tucumán Pablo Padilla (26 Mayo 1901); a Guillermo Molina (26 Mayo 1901; 28 Setiembre 1908); al Obispo diocesano Fray Zenón Bustos (7 Julio 1907). Artículos periodísticos: «Honroso para el canónigo Brochero» en La Libertad Córdoba 23 Abril 1901, 1; «Canónigo José Gabriel Brochero» en La Libertad Córdoba 15 Junio 1901, 3; «Viajeros» en Los Principios Córdoba 16 Mayo 1901, 2; «Ecos religiosos. Ejercicios Espirituales» en El Orden San Miguel de Tucumán 17 Mayo 1901, 1; «El canónigo José Gabriel Brochero» en La Libertad Córdoba 23 Mayo 1901, 1; «R.P. José Gabriel Brochero» en La Libertad Córdoba 8 Junio 1901 , 3 regresar

53.- Summ.: José Zoilo Fidel Charras, 198 regresar

54.- El análisis psicografológico de sus manuscritos (realizado por el perito grafólogo Profesor José Armando Pucheta) muestra «una personalidad que no se deja atar por los prejuicios o limites impuestos por los convencionalismos. Hay en él una tendencia a pasar sobre los formalismos o las exigencias rígidas.» regresar

55.- Carta a José Mayo (5 Junio 1893) regresar

56.- Carta al Obispo Fray Reginaldo Toro (19 Noviembre 1889) regresar

57.- Carta al Ingeniero y Diputado Nacional Francisco Seguí (Agosto de 1905) regresar

58.- Carta a Agustín González (24 de Junio de 1905); a Guillermo Molina (31 de Agosto, 19 de Setiembre de 1905, carta y telegrama); a Román Pereira y Eufracio Páez (19 de Setiembre de 1905); Telegrama a Guillermo Molina (30 de Setiembre de 1905); al Congreso de la Nación (21 de Junio de 1907); a Elpidio González (4 de Octubre de 1912) regresar

59.- Carta al Secretario del Obispado Pbro. Eduardo Ferreira (2 Febrero 1907) regresar

60.- Summ.: Carlos Horacio Rodríguez, 29; Pbro. Ángel Ignacio Campos, 38; José L. Moreda, 49; Hna. María Lucía Soto, 62; R.P. Antonio Aznar Flores sj, 88; Ernesto Figueroa Oliva, 98; Rosario Pereyra, 121; Rubén Cuello Mallea, 159; Zoraida Recalde de Recalde, 173; Gabriel Merlo, 235; Pascuala Recalde de Cortez, 257; Manuel Gregorio Sabas, 266; Armando Cuello, 311 regresar

61.- Carta al Ingeniero y Diputado Nacional Francisco Seguí (Agosto 1905) regresar

62.- Carta al Ingeniero y Diputado Nacional Francisco Seguí (Agosto 1905) regresar

63.- Summ.: José Alejo Charras, 194; Martín Torres, 278.279 regresar

64.- Summ.: Zoraida Recalde de Recalde, 169 regresar

65.- Carta a los presos de la Penitenciaría de Córdoba (22 de Diciembre de 1900) regresar

66.- Artículo en «Los Principios» (Enero de 1901 ) regresar

67.- Carta al Pbro. Filemón Cabanillas (13 de Diciembre de 1884) regresar

68.- Summ.: José Zoilo Fidel Charras, 201-202 regresar

69.- Carta a Romualdo Recalde (6 de Octubre de 1910) regresar

70.- «Chesche» indica al caballo blanco con pequeños puntos rojos o rosados. Carta a José María Castellano (22 de Setiembre de 1904); a Nicolás Castellano (28 de Abril da 1905); a Mons. Juan Martín Yáñiz (28 de Octubre de 1913); a Nicolás y Santos Castellano (29 de Octubre de 1913) regresar

71.- «Caballo» en Diccionario de los símbolos bajo la dirección de J. CHEVALIER, Barcelona 1991 regresar

72.- Carta al Obispo de Santiago del Estero, Juan Martín Yáñiz (28 de Octubre de 1913) regresar

73.- Carta a Nicolás Castellano (2 de Noviembre de 1913) regresar

74.- Carta a Miguel Juárez Celman (8 Noviembre 1905) regresar